Colaboradores
- Bernardino Hernández, Ing.
- Joseph Servín, Dr.
- Felipe Rodriguez, Ing.
- Susana Ortiz, Hist.
- Reyna Natividad, Dra.
- Xavier López, Edu.
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**Philosophie
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====== Jesus Isarraras ======
Cuando viajaba a la capital, tenía por costumbre visitar el Club de Ajedrez México, (Laurel #33, Col Sta. Ma. La Rivera), a veces solo para platicar un rato con el célebre maestro Alfonso Ferriz Carrasquedo, con quien discutíamos mucho sobre las técnicas de entrenamiento en ajedrez, y como entrenar mejor. Aprendí mucho de él. En una ocasión me dijo algo que se prestó a discusiones y mucho análisis. -Los transas no pueden ser buenos ajedrecistas –Fue lo que expresó.- ¿? Yo me quedé en el luna ¿Qué tiene que ver el ser honesto o aparte transa con el ajedrez? –Le pregunté. Me explicó que una característica que tiene que tener alguien para llegar a destacar en el ajedrez, es tener una gran confianza en sí mismo. Un transa te puede engañar y robar, pero eso no quiere decir que tenga confianza en sí mismo, el sabe que te “transeo”. Me sonó lógico, y después de sesudos análisis desarrollé mi teoría, que aunque no tiene nada que ver con la anécdota, se las voy a contar, y me vale madre si les interesa o no. Según yo, solo habemos dos tipos de personas en este mundo: Inteligentes y pendejos. Todo mundo sabe para qué sirve la inteligencia, pero por si no a’i les va: La inteligencia sirve para resolver problemas, sean sociales, escolares, de pareja, matemáticos, de ajedrez, etc… Visto así, las personas inteligentes resuelven sus problemas con su misma inteligencia pero, ¿Y los pendejos?, bien, como no pueden resolver sus problemas a satisfacción con su propia capacidad, tienen que recurrir a la transa, al engaño o peor aún, a la traición. (Desde que desarrollé mi teoría pienso que la gran mayoría de políticos son pendejos, por eso tienen que transar). Bien, vayamos a la anécdota. Allá por 1972 o 73, participé en el campeonato estatal de ajedrez. Era un torneo sistema suizo a 5 rondas. Se jugaba de lunes a viernes un juego por día (a las 8:00 de la noche). Llegué el lunes a la primera ronda y no jugué, gané por incomparecencia (para los idiotas que les gusta el inglés: default), el martes asisto a la segunda ronda y ¡madres! Volví a ganar por inasistencia de mi oponente. Es muy raro en un sistema suizo que ganes así las dos primeras rondas.
El presidente del club de Ajedrez Morelia, Jesús Cintora, me comentó:
-Esos “defaults” te van a costar en el sistema de desempates. Yo sabía que no era sato de la devoción, de los miembros del club, es más estoy seguro que les caía muy mal, pero era joven, y como casi todos los jóvenes, muy petulante, además que tenía confianza en mí, en mi preparación, y en mis conocimientos, así que le pregunté: -¿Si, gano todas las partidas, hay posibilidades de que empate en puntos con alguien? -No claro que no, -me respondió- si alguien gana todas, indiscutiblemente será el campeón. Entonces, -dije finalmente-, no hay problema con los desempates. Yo me sentía bien para ganarles a todos. El torneo siguió y el miércoles gane, ahora si jugando, la tercera partida. Aquí cabe un comentario, en esa época había dos hermanos, Jaime y Rigoberto Cadenas, muy buenos jugadores los dos, y con los que tuvimos una fuerte rivalidad. Ellos también iban invictos y en la cuarta ronda me tocó jugar con Rigoberto. Solo recuerdo que fue una partida muy dura, no solo por el nivel de juego, sino por la rivalidad. Caissa estaba ese día de mi lado y conseguí la cuarta victoria. El viernes era la quinta y la última ronda, y me tocaba con… ¡Adivinaron! Jaime Cadenas. Pero para ese momento, Jaime había perdido medio punto, y llevaba 3 ½ puntos contra cuatro míos, así que para ser campeón me bastaba un empate. Recuerdo que fue una partida intensa, ahora además del nivel y la rivalidad estábamos jugando por el campeonato de Michoacán, y el campeón iría al torneo nacional abierto con todo pagado. Cabe otra nota aclaratoria, desde 1996, la Asociación de Ajedrez del Estado, solo apoya a sus “cuates”, y no manda a los campeones estatales al nacional con gastos cubiertos. Curiosamente por 1990 comenzó la gran corrupción en este país, ¿Coincidencia? Continuando con la anécdota, la partida con Jaime fue tan dura, que terminamos como a la 1:00 am del sábado, en el club solo estábamos los dos jugadores y un miembro del club encargado de cerrar. Llegamos a un final de peones donde el fantasma de las tablas amenazaba a Jaime Cadenas, (a mi me favorecía), y aunque luchó encarnizadamente por desequilibrar el juego, el fantasma se materializó y Jaime tuvo que aceptar el empate. Yo era el campeón absoluto de ajedrez en Michoacán. Me fui a casa y tuve muy dulces sueños. Pero cuál fue mi sorpresa, que al otro día, en el diario, El Sol de Morelia, en la sección deportiva sale el encabezado; Jaime Cadenas, Campeón Estatal de Ajedrez. ¡Juat! Leí la nota, donde se afirmaba que en la noche anterior Jaime me había derrotado. Pasó el día, y por la tarde me hice presente en el club (se abría a las 7:00 de la noche). Había varios ajedrecistas jugando, vi a Jesús Cíntora, el presidente. Me acerqué a él y le pregunté: -Cintora ¿Quién dio la información al periódico, de que Jaime es el campeón? El campeón soy yo. -Fui yo, -aceptó Jesús-, yo fui el que dio la información. -¿Por qué dijiste que Jaime fue el campeón? Tu nisiquiera estabas presente cuando terminamos la partida. Es que… yo creí que te iba ganar. Otra vez ¿Juat? -Pues no debes creer pendejadas, -le dije- muy molesto y me quedé mirando a los jugadores de ajedrez del club, incluidos los dos hermanos Cadenas. –Quiero que sepas, - y valía mi “hociconada”, que en 200 Km a la redonda no hay ningún jugador de ajedrez mejor que yo. Ahora a la distancia, creo que fue el fervor juvenil fue el que habló por mí, sigo siendo hablador, pero no tan mamón ¿O sí? Tiempo después supe que, si yo lo hubiera exigido, el periódico estaba obligado a pones una nota aclaratoria, con la verdad. En fin, si visitan la hemeroteca, (que no sé si todavía exista), y si consultan los diarios de 1972, (creo que es ese no estoy seguro del año) y ven a Jaime Cadenas como campeón de Michoacán, es “feic nius”, el campeón fui YO.
Todo mundo sabe que Ludwig Van Beethoven, fue y es, el más grande músico que haya vivido en este planeta. Hace poco vi un documental sobre su vida, y me enteré que, el día que él murió, hubo una tormenta, de esas de a deveras con múltiples truenos y relámpagos. Ese hecho me hizo recordar la anécdota que quiero relatarles. En mis años mozos, allá por 1983, yo trabajaba, haciendo suplencias de locutor, en XESV, Radio Nicolaita, la estación de radio de la Universidad Michoacana, (UMSNH), mi amigo Juan Bosco Sánchez, hoy mí compadre, estuvo a cargo de la programación de la radio. En esos días, me enteré que Beethoven nació en un 16 de Diciembre y rápidamente hice cuenta, del 16 al 24 (navidad), hay 9 días y Beethoven escribió nueve sinfonías. Y se me ocurrió una idea: le pedí a Juan Bosco que me programara en el concierto de la tarde, las nueve sinfonías, a partir del 16, el concierto de la tarde iniciaba a las 15:00 hrs. Y terminaba a las 16:00. Me gustaba la idea de hacer coincidir la Novena Sinfonía con la navidad. A Juan Bosco le pareció una buena idea, y decidimos dedicarle esa temporada de posadas al gran Ludwig. Yo preparé textos sobre su vida, y esperaba hacer un buen trabajo. Llegó el día 16 e iniciamos con su primera sinfonía, el 17 la segunda, el 18 La Heroica (3ª), el 19 la cuarta y el 20 la quinta, la llamada del Destino. No sé donde lo leí, pero Beethoven afirmaba que las cuatro primeras notas de la sinfonía, era igual al sonido del destino, cuando llama a nuestra puerta. El detalle interesante fue que, ese día, 20 de Diciembre, hubo una fuerte tormenta en Morelia, no solo de agua, y tal vez granizo, sino, también eléctrica.
Tan fuerte fue la tormenta que, iniciando la sinfonía, no llevaba ni 2 o 3 minutos, se fue la luz, sacando a la estación de radio del aire.
La tormenta estuvo muy fuerte, y los trabajadores de la radio, no podíamos hacer otra cosa que esperar. Me agüitaba que se perdiera el orden del plan, de nueve sinfonías en nueve posadas. Afortunadamente, la luz volvió pronto, unos 10 o 15 minutos y pudimos seguir transmitiendo. Como dije, cuando Beethoven murió, hubo una terrible tormenta, y el día que transmitimos su quinta sinfonía en Morelia, también hubo una tormenta brutal, ¡en 20 de Diciembre! Yo no recuerdo fuertes tormentas en Morelia en el mes de Diciembre, y como según creo yo, las personalidades fuertes tienen la magia de poder influir incluso en la naturaleza. Me agrada pensar que la vida tormentosa de Beethoven, tuvo su pináculo el día de su muerte con una gran tormenta, y que, con una gran tormenta, él se quiso hacer presente en Morelia, ese 20 de Diciembre. Sí, yo estoy seguro que Beethoven estuvo ese día en Morelia.
A propósito de lo que acaba de suceder en la Olimpiada de Tokio, con el equipo de softbol femenino, recordé una anécdota que viví en Los Angeles, CA. La anécdota es muy corta pero las reflexiones y análisis son muchas. En uno de mis múltiples viajes a EE UU, un joven nacido allá, de padres mexicanos me cuestionó: - ¿Tú que piensas? A nosotros nos llaman Mexican-American, y muchos de nosotros creemos que está mal, y que nos deberían llamar American-Mexican. Yo me “agüité” al ver que muchos jóvenes nacidos allá pero con raíces mexicanas, se sienten más estadounidenses que mexicanos, y tal vez (solo tal vez), haya muchos que darían lo que fuera por borrar totalmente de su historia su ascendencia mexicana. Digo esto sin generalizar, pues conocí a muchos que realmente aman el país de sus padres, y pongo por ejemplo a mis sobrinos (hijos de mis hermanos), de quienes he visto amor a México. Un hijo de mi hermano Víctor decía que en futbol, le gustaba ver a EE UU, ganar partidos, excepto cuando iban contra México (eso lo dijo con referencia al deporte, pero en otras ocasiones me habló de su respeto y admiración por México en otros aspectos). Y no quiero sonar a “patriotero”, pues mis héroes son Morelos, Guerrero, Villa, Zapata, etc. y no once “pelaos” que meten goles. Pero en fin, sigamos con la anécdota: - Yo no lo veo así, - le contesté al joven,- porque el lugar de nacimiento es un accidente. Cuando tu madre estuvo embarazada de ti, pudo haber viajado a Australia, China, Francia o Timbuctú, y si hubieras nacido ahí, tendrías la nacionalidad de esos países. Pero de todos modos hubieras nacido. Sin embargo, sin ese padre mexicano y esa madre mexicana nunca hubieras podido nacer. Simplemente no existirías. - y concluí. - Así que considero que a ustedes, hijos de padres mexicanos, los deberían llamar Mexican-Mexican. El joven se quedó en silencio, sorprendido por mi lógica, pues no encontró palabras para refutar mi razonamiento. Ahora, volviendo a las jugadoras de softbol, que se negaron a llevar en el pecho la bandera mexicana , aún cuando representaban a nuestro país, y que después se deshicieron de esa manera deleznable de sus uniformes, (no sé si todas lo hicieron, o sólo unas cuantas, mi mayor respeto para las que no lo hayan hecho), yo las considero como mercenarias, (ejércitos que pelean por el mejor postor). Pues después de haber fracasado en su intento por representar a EE UU, querían estar en el “escaparate olímpico”, y jugaron por quien les diera la oportunidad, para después despreciar al país que representaron. Ahora bien, ellas actuaron conforme a sus principios porque… Pregunto: ¿Qué se puede esperar de un mercenario?, (alguien fácilmente comprado con dinero o prebendas). Y respondo: Lo único que se puede esperar de ese tipo de personas es la traición. Y alguien que se puede comprar (incluyo aquí a muchos políticos mexicanos, y pido disculpas a los pocos políticos honestos), es alguien que ejerce la profesión más antigua: La prostitución. O sea que para mí, esas miuchachitas, son solamente “Pirujas del Deporte” (sport´s bitches, creo que sería la traducción correcta al inglés). Quiero añadir algo más, que me parece de gran importancia: Y pregunto nuevamente ¿Cuál es la función de la Federación Nacional de Softbol? ¿Promover en México el desarrollo de ese deporte, y esforzarse porque en México surjan deportistas de alto nivel, o comprar jugadoras hechas en otros países? ¿En qué se debe gastar el presupuesto que se les otorga? Quiero dejar claro que, en mi modo de ver las cosas, el “error” (si se le puede llamar así), ocurrió desde el principio con la Federación Mexicana de Softbol, ya que en lugar de desarrollar su deporte en México, optaron por el camino fácil, de dejar que los EEUU preparen muchachas, y luego traerlas a representarnos. Concluyendo: La federación de softbol NO está haciendo mal su trabajo, sencillamente no está haciendo ningún trabajo. O sea que, aficionados y jugadores de softbol, creo que por el bien del deporte, váyanse deshaciendo de esos directivos. Yo prefiero que México quede en último lugar con mexicanos, que ganar medallas comprando los jugadores que otro país forjó. Me despido con un razonamiento del poeta Marcelino Dávalos. Sé que tengo sangre europea e indígena, pero a “la sangre de mercaderes” , prefiero “mi sangre de dioses que es sagrada”.
Nuevamente otro campeonato Juvenil e Infantil, se observan las sonrisas, algo falsas a veces, las tensiones, los nervios, algo de aburrimiento, la diversión de todos y lo más importante, aunque a veces lo olvidamos, la convivencia agradable. Los maestros y entrenadores que se reúnen año con año en este evento saben el trabajo que han desarrollado y esperan los triunfos de sus pupilos, pero hay un problema, algunos están más preocupados del resultado de la partida de su caja fuerte, que del aprovechamiento que este tipo de sucesos dejará en la vida del jugador, y considero que tal problema es serio pues estamos hablando de NIÑOS, de personas que están asimilando de manera especial esas experiencias y, en mi opinión, tal tipo de maestros o entrenadores debieran ser expulsados de esta noble actividad, pues la consigna de ganar a como de lugar trae consigo la situación de formar muchachos mañosos y tramposos, lo cual es una desgracia. Maestros y entrenadores que sólo andan buscando como pasarle a su jugador la jugada ganadora, o que les piden salgan al baño y revisen su acordeón, o aquellos que reclaman ante cada derrota de su jugador y más que preocuparse por ofrecer a sus alumnos un buen nivel, se aprenden al dedillo el reglamento para buscar argumentos ante cualquier situación ambigua, esos “entrenadores” son un dolor de cabeza continuo, aún para los árbitros. Los maestros no deben olvidar que su trabajo termina antes de la inauguración del torneo, si no lo hicieron bien, si flojearon o permitieron que sus muchachos flojearan, lo más digno es aceptar sus derrotas, no hay que escudarse en pretextos, ni tratar de ganar a fuerzas utilizando malas artes porque además de quedar ante los demás como entrenadores mediocres, pierden la credibilidad y la confianza de sus alumnos. Jóvenes y niños, una de las lecciones primordiales que nos ofrece el ajedrez es la capacidad que nos da de saber tomar decisiones y responsabilizarnos de ellas, tal vez nunca lleguemos a GM, pero al menos recordaremos con agrado el gran placer que nos brindó el ajedrez, si tienen capacidad de rechazar a un entrenador corrupto demostrarán que aprendieron a tomar decisiones como debe ser. Tomado de Ajedrez… la lógica hecha juego Año IV Número 16
MAESTRO DE QUÍMICA EN SECUNDARIA (Mi primer trabajo)
Allá por 1972, 73 tuve mi primer trabajo como maestro, supliendo a Jorge Tapia, mi compañero en la facultad de ingeniería, que daba clases de química de 3º de secundaria, en la escuela secundaria SNTE (En el edificio de la primaria Esther Tapia), en la calle de Corregidora, comencé a dar clases, y en el primer examen reprobé muchos alumnos, (si mal no recuerdo, deben haber sido el 40% de reprobados), no tenía experiencia como maestro, y por supuesto enseñaba mal, (por eso tantos reprobados). El reprobar a tantos jóvenes me acarreó algunos enemigos, entre ellos el conserje, ya que su hijo Martín, estuvo entre los de malos resultados. El conserje me pidió ayuda para su muchacho y, lo que pude ofrecerle fue, que el chamaco fuera por las mañanas, al café que yo frecuentaba para darle clases extras. El muchacho fue o una dos veces y luego dejo de ir, era un “huevonaso”. Como el conserje no esperaba eso, sino que le regalara calificación, se molestó y comenzó a correr el rumor de que yo era “maricón”, y que incluso le hice alguna propuesta indecorosa a su hijo. Por otro lado, el maestro de física, del cual no recuerdo el nombre, se quería quedar con mis clases, (un sueldo maravilloso de $12.50/hora/semana/mes), y comenzó a recopilar firmas entre mis alumnos para correrme, lo “cotorro” fue que cuando la lista de firmas llegó a Itzcoatl, el jefe de grupo, que junto con sus primos, Cajeme y Bertha, eran mis alumnos, (Los tres excelente estudiantes, y hoy grandes amigos míos), Itzcoatl preguntó: - ¿Y estas firmas, para qué son? - Para correr al maestro de química. - ¿Qué? ¿Pero están pendejos? –Repuso- es el único maestro bueno que tenemos ¿y lo quieren correr? Itzcoatl, a pesar de su juventud, comprendía que los demás maestros daban clases por el salario, y no por cariño a la educación y a los estudiantes (ya lo he dicho antes: Trabajar por dinero se llama prostitución). - Es que reprobó a muchos. - Los reprobó porque no saben, no por “mala leche”. – concluyó tomando las hojas de firmas, y comenzando a romperlas, diciendo: -.. Y no quiero volver a ver otra hojita de estas con firmas contra ese maestro. – Remató contundentemente. De esto me entere años después, cuando Itzcoatl y Cajeme ya eran amigos míos, como también me entere de la fama que me hizo el conserje sobre mis preferencias sexuales. Quiero añadir algo más. En alguna ocasión invité a Cajeme a mi casa para tocar algo juntos en la guitarra (Cajeme llegó a tocar muy bien), pero él nunca aceptó, y es que, como me lo dijeron después, tenía miedo de que fuera cierto que yo era “marica”. Y como colofón, un par de años más adelante, en la preparatoria por cooperación, para trabajadores; Melchor Ocampo, me volví a encontrar otra vez con el maestro de física, (el que juntó firmas contra mi), esta vez era mi alumno en 3º de prepa. Tal vez pensaba que yo era igual que él, o como muchos maestros, que no pudiendo hacerse respetar dando bien sus clases, se imponen a sus alumnos aprovechando que tiene el sartén por el mango, (“y el mango también”, como dijera María Elena Walsh). Yo creo que él creía que me lo iba a joder nomas por joder (¡Cuanta cacofonía!) y después del primer día, nunca se presentó a mis clases. Seguramente le dio una lana al director para conseguir su certificado. Si, aunque no lo crean, desde entonces, el nivel de corrupción en el magisterio, (según he comprobado una infinidad de veces), es del tamaño de la corrupción en la política o en la policía.
Salí de San Nicolás en 1970 (¿o 71? ¡Pinche Alzheimer!) y me inscribí en la escuela de Físico Matemáticas, que era de nueva creación en la UMSNH, (cuando entré los de la primera generación iban en 7° semestre, de ocho). La escuela tenía muchas limitaciones, entre otras, no tenía laboratorio de física, y un maestro nos propuso a los alumnos que nos agrupáramos en equipos, y construyéramos aparatos sencillos para crear un laboratorio de física para la escuela, aunque fuera sencillo. Recuerdo que a mí me tocó hacer un sistema de péndulos, pero la anécdota es de mi, ahora compadre, Rafael González Campos, (quien, cuando se tituló obtuvo la primera mención honorífica en el examen recepcional de la licenciatura). A Rafael le tocaba hacer un barómetro, para lo cual necesitaba una botella de vidrio transparente y sin marcas. (las de refresco no servían por la forma y grabados que tienen). Una tarde que estábamos varios amigos reunidos, nos comentó de su problema, no había podido conseguir una botella con tales características. Uno de los compañeros, no recuerdo quien, dijo que tenía una ideal para eso, el problema es que la tenía llena de mezcal y… ¡Adivinaron! Por el bien de la ciencia y de la gloriosa escuela de Fisicomatemáticas nos sacrificamos, y al otro día… la botella estaba vacía, lista para convertirse en barómetro.
Después de haber pasado un año en Físico Matemáticas, tres años en Ingeniería Química y un año más en la Normal Superior (Hoy IMCED), o sea, después de haber sido el estudiante más desorientado, ¡Fui maestro de orientación vocacional! Ocurre que daba clases de química orgánica en la Preparatoria Nocturna por Cooperación, para Trabajadores: Melchor Ocampo, hoy PREFECO. Y un buen día un alumno me pidió información sobre Ingeniería Química, pues era una carrera que le interesaba. Y les di una plática sobre la carrera. Algún otro me preguntó por contabilidad y llevé a un amigo contador para que les hablara de su profesión. Sucede que en esos días, renunció la persona encargada de dar la orientación vocacional, y el director, Eduardo Pérez Tabasco, trajo para suplirlo a un militar, que según me comentaron los alumnos pensaba reprobar a los que no aprendieran la orientación vocacional. ¡Para morirse de risa! Los alumnos, todos adultos y trabajadores, pegaron el grito en el cielo y obligaron al director a despedirlo. Cuando el director les dijo que no sabía a quién poner, los mismos alumnos me propusieron a mí. -Pero… -les dije cuando me enteré de la propuesta-, que voy a hacer. Yo no sé nada de eso. -Mire maestro –me replicó alguien-, todos somos adultos, y más o menos sabemos lo que queremos, solo nos falta información, haga lo que ya ha estado haciendo, traiga estudiantes de diferentes carreras para que nos platiquen de ellas.
Y así lo hice, eran dos clases por semana, en la primera llevaba a un estudiante de determinada carrera. y en la segunda a un profesionista de la misma. Así los estudiantes se informaban sobre los problemas de la carrera y las alternativas para trabajar. Después de exponer sobre sus profesiones, los estudiantes hacían preguntas. Y así me la llevé, muy “cachetonamente”.
En esos tiempos el Presidente de la República era José López Portillo, de quien recuerdo que cuando murió y lo llevaban en la carroza fúnebre, cientos (tal vez miles) de autos hicieron sonar los “cláxones” con la respectiva mentada. Ta ta ta ta ta…ta tá, y esa noche, en el noticiero, Jacobo Sabludovsky, estaba terriblemente indignado por la falta de respeto de los mexicanos para su expresidente. Pero como lo expreso en uno de mis primeros poemas: “Pienso que a un desgraciado de esos una mentada de madre ni se le niega ni se le regatea”. (No importa que estén vivos o muertos). Pero siguiendo con la anécdota, pasó que el gobierno federal, que traía ideas medio pendejas, y a la vez tétricas, sobre la educación, realizó una serie de cursos y conferencias para orientadores vocacionales en el precioso centro vacacional de Oaxtepec, Morelos. Y allá fui a dar. Me llegó la invitación, y con todo pagado, me fui a Oaxtepec. Éramos unos cincuenta o sesenta orientadores vocacionales (de preparatorias por cooperación), y solo mantengo en mis recuerdos a Daisy, la directora de la prepa de trabajadores de Tijuana, y a “Olaf”, no recuerdo su nombre, pero le decíamos Olaf, por el personaje de las caricaturas de “Quique Gavilán”. A las primeras de cambio Olaf y yo percibimos que esos cursos eran solo un “lavado de coco”. Nos dimos cuenta que la consigna era que impulsáramos a los jóvenes a carreras técnicas u oficios, y no a carreras como Filosofía, Letras, Historia, Artes. Nos repetían a cada rato que esas no eran carreras y que solo implicaban un desperdicio de material humano. O sea que Sócrates, Kant, Nietsche y muchos como ellos, eran solo un atado de pendejos. (Se adivina que el gobierno ya pensaba en acabar con la educación pública). Pues bien, Olaf y yo no estábamos de acuerdo con las ideas que nos querían imponer, y en las conferencias y pláticas dictadas por los “cacas grandes” de la psicología y la educación que nos mandaron de la SEP, nos dedicamos a cuestionar sus razones y argumentos, y sin querer, prácticamente, boicoteamos el famoso curso de alienamiento. Pobres conferencistas, sudaban sangre cada vez que Olaf o yo los cuestionábamos. Hubiera sido menos doloroso para ellos haber parido chayotes o puerco espines. El cierre del evento, que duró una semana, fue apoteósico para la rebeldía y anarquismo que habíamos mostrado Olaf y yo. Resulta que el primer día, y en la primera sesión, nos dieron un rompecabezas de cartulina para armarlo en grupo, se nos dijo que no era una competencia, que debíamos colaborar con los otros equipos, y más pendejadas más. Luego supimos que en cada mesa de trabajo teníamos a un psicólogo observándonos, casi exclusivamente para, recalcar los errores de cada equipo. Bien, pasó después toda la semana, y el último día, en la última sesión, nos dieron a cada equipo un montón de piezas para armar, un juguete de niños, nos pidieron que armáramos algo. Todos los equipos creímos haber entendido la lección, y ahora si trabajaríamos en armar algo, haciéndolo realmente en equipo. Observé que en cada mesa de trabajo estaba una mujer (todas muy guapas), al principio pensamos que eran solo edecanes, pero yo no me la tragué, y le pregunté a la que estaba con nosotros si era otra psicóloga, para observar nuestros fallos. Su turbación me hizo ver que no estaba errado, y se lo comente, en voz baja, a Olaf. -¿Qué hacemos? –me preguntó. -Se me ocurre una idea, - le respondí,- vamos a “pitorrearnos” de todo este pinche curso, nomás por joder. Vamos a mandar a la chingada a todo el equipo, y lo armamos tú y yo solos. Y lo hicimos, Olaf decidió que armáramos un robot, y yo lo secundé. Agarramos las piezas y prácticamente lo armamos entre los dos. Los demás del grupo se quedaron solo observando cómo realizábamos el trabajo entre Olaf y yo. Cuando vino la hora de las evaluaciones, la psicóloga de nuestro grupo, nos puso como “camotes”, diciendo que ni Olaf ni yo respetábamos el trabajo en equipo. Recuerdo que Olaf se levantó y tomó la palabra y dijo algo así como: Solo queríamos demostrarle a los “doctos” que sus cursos y conferencias son solo una “jalada”. “Por favor, no quieran alienarnos, ni tratarnos como a niños tontos”. Eso fue más o menos lo que dijo y con eso terminó nuestro curso como orientadores vocacionales. No creo volver a ver nunca a Olaf, y les juro que me encantaría volver a platicar con él, al menos por un rato. Sé que es imposible ya que ni su nombre verdadero recuerdo.
===== Lo que sigue, no sé si cuente como una anécdota, es algo que escribí el 15 de Septiembre del 2012. CUANDO CUMPLÍ 60 AÑOS
Cuando cumplí 60 años (1 de septiembre de 2012), me sentí renacer. No entendía por qué, pues estaba en el peor momento de mi vida (en lo que se refiere a dinero), pero tenía proyectos, amigos… en fin, me sentí un chamaco con toda una maravillosa vida por delante. Hoy, quince días después, estoy al revés. Hace una semana no quise ir a una fiesta familiar con mi sobrina y anoche no quise ir a celebrar “el grito” con mi hermana. ¿Celebrar? ¿Qué? ¿Que los bancos y las carreteras de México son propiedad de España? ¿Qué la cerveza Corona es de Bélgica? ¿Qué Wall Mart, Mc Donalds, Oxxo, etc., etc., etc., etc., están saqueando a mi país y empobreciendo más a los mexicanos? ¿Qué no sabremos nunca qué pasó en la elección pasada, y que quedó como “presidente”, alguien que todos sabemos que va a robar a manos llenas, y a favorecer sólo a sus amigos? Me di cuenta que toda mi vida fue un error, que si hubiera aprovechado las oportunidades que tuve (que fueron muchas), de “chingar” al prójimo, ahora no estaría en estas condiciones. He pasado los años viendo como todo mundo, (incluidas muchas personas que me rodean), vive en un egoísmo brutal, bajo el principio justificador (y egoísta) de “ámate a ti mismo”. Al parecer hubo una reunión mundial a la que no fui invitado, donde todos se pusieron de acuerdo en que regiría la ley de la selva, o la del mar (el pez grande se come al chico), para, escudados en esa ley, tomar todo lo que pueden, engañando y justificándose. Me inculcaron que debía hacer lo correcto, y ahora resulta que cada quien hace lo que le conviene, y que se joda el más “güey”. Sí, yo también he sido egoísta y manipulador en ocasiones, pero Huitxilopoxtli (no lo sé escribir) sabe, que cuando me entregué a algo o a alguien, lo hice en serio. Estoy encerrado en mi lugar y por la ventana estoy oyendo afuera, a los comerciantes del 16 de septiembre, luchando por vender sus productos, “a peso, a peso, pásele, bueno, bonito y barato”, escucho las trompetas de fiestas patrias y el bullicio del auténtico pueblo de México, que es tan estúpido como yo (sólo que ellos ya lo asimilaron). Sesenta años viviendo en el engaño, toda una vida desperdiciada y, lo peor es que, es demasiado tarde para que cambie mi forma de pensar y de actuar. Pero mi optimismo sigue vigente, no creo que me queden muchos años de vida, ya soy mayor, y me anima la idea de que ya no tendré que aguantar esto por mucho tiempo. Lo malo es que antes creía que me iría de este mundo con la conciencia tranquila de haber tratado de ayudar, y de no hacerle mal a nadie, pero ahora no sé si me voy a ir sonrojado de vergüenza por haber sido tan pendejo. En fin, tengo que salir nuevamente a la calle porque, al final de cuentas la ¿vida? sigue. Desgraciadamente no creo que esto sea sólo un momento de depresión.
Tantas cosas ocurren en una vecindad, que en la que yo viví hasta la prepa, no podría enumerar tantas vivencias entrañables. Sí, de los ocho a los 17 años viví en una vecindad (Leona Vicario 78), en el Centro de Morelia, de ahí recuerdo con cariño a muchos, Coco, el Patas Chuecas, el Parro, el Quiriqui, Litos, el Pelón, Chón, Toño y Miguel Cisneros, Jesús Montes, Sergio, y de las mujeres, las hermanas de Sergio: Rosa y Teresa, Melania, Lourdes, María y muchos más, (hasta ahora estoy analizando que ellas no tenían apodos). Era bello vivir en una vecindad, ponías un pie fuera de tu casa y había cincuenta niños con quienes jugar. Bueno la anécdota que quiero narrar hoy sucedió en época de navidad, no sé cómo, (creo que los vecinos se cooperaban), pero teníamos todas las nueve posadas. Con Rosario para comenzar, la cantada pidiendo posada, luces de bengala, ponche, y por supuesto piñata, bien llena de dulces y frutas. (Muchos años viví con el trauma de que nunca rompí una piñata). El caso es que, en una de tantas posadas, a la hora de la piñata, alguien la golpeó, y se rompió la cuerda que la sostenía, cayendo entera al suelo, a los pies de una jovencita, creo que era Rosa, la hija de doña Elena, y hermana de Sergio y Teresa. (Supe después que Sergio se convirtió en Ingeniero Civil y Rosa en monja). Rosa era una morena, ya desarrollada, aunque seguramente muy chica de edad, apenas adolescente, (debo confesar que a mí me gustaba). Volviendo a la anécdota, cuando Rosa vio a sus pies la piñata completa, simplemente extendió su falda y se sentó sobre ella, como reclamándola de su propiedad, la había ganado. Pero los jóvenes eran “maloras”, y los más chicos queríamos los dulces, así que, sin respeto a nada, todo mundo se abalanzó, (sobre todo los hombres), a meter la mano bajo las faldas de Rosa unos buscando dulces, y otros buscando “tocar”. El caso es que, en menos que lo cuento, Rosa saltó, se puso de pie y nos dejo tener libre acceso a los dulces y la fruta. No le funcionó el truco. En la actualidad, cada vez que escucho Boda de Vecindad, de Chava Flores, me vienen a la cabeza infinidad de recuerdos de mi niñez, y mi primera juventud, en Leona Vicario 78.
En 1964, hice un viaje que me marcaría para toda la vida, fui a Poza Rica, Veracruz donde vivían mi papá, aparte mi hermano Juan y más aparte mis hermanos Víctor y José Luis, con un amigo, Nacho Vázquez, iba solo por vacaciones pero, nunca supe porque, me quedé un año, 6° de primaria (tenía 11 años). En Poza Rica aprendí a nadar y a andar en bicicleta, sin maestro, yo solito. Iba con amigos del barrio a nadar al río Cazones, que ahora está muy contaminado. Mi mejor amigo se llamaba, o se llama Rubén, y le decíamos “El Chinitas”. Nunca he vuelto a saber nada de él. No éramos pobres, había trabajo para mis hermanos, pero me salió lo comerciante, y me fui a la calle a vender chicles. Recuerdo que la caja de chicles me costaba 6 pesos y le sacaba otros 6 de ganancia. Realmente no soy muy gastador, y lo que ganaba con la venta de chicles lo ahorraba en un cajón. Un buen día, mi hermano Víctor se acercó a mí. - ¿Cómo te ha ido con la venta de chicles? - Me preguntó - Bien, no me quejo - ¿Y cuánto tienes ahorrado? - Creo que como 12 o quince pesos. - Sabes, ando sin dinero, y quiero salir con mi novia, ¿Me prestas los doce pesos? Ahora que consiga otro contrato en PEMEX te pago. No tuve objeción, pero la parte importante fue que remató con: - Algún día tú tendrás novia, y yo te voy a apoyar con dinero cuando salgas con ella. - Sale, -dije yo- realmente yo no tenía en que gastar. Vendía chicles casi por “hobby”. Así fue, que le preste los doce pesos, y lo olvidé, al igual que él, y nunca me pagó. Miento, si me pagó, y con creces, varios años después. Decía, seis años después, en 1970, yo estaba en el glorioso Colegio de San Nicolás. Era Mayo, la época de los grandes bailes, y yo quería ir en particular al del día seis, en la Escuela Normal, como era costumbre el baile de la “Normal” era con cuatro de las mejores orquestas del país. Recuerdo la orquesta de Carlos Campos y al trío, “Las Tres Conchitas”, eran las coristas de “Cri Cri”. Yo quería ir al baile, porque sabía que iba a ir una chica que me gustaba. El problema es que era caro y yo no tenía dinero. Por esos días vino Víctor a Morelia, traía a su esposa e hijos, vivía en San Antonio Texas y traía dólares. La necesidad desarrolla ideas y recuerdos, cuando Víctor llegó me acordé de los 12 pesos de Poza Rica y pensé que tenía resuelto mi problema. -Víctor, -le dije-, te acuerdas que hace años, en Poza Rica, te presté 12 pesos de lo de mis chicle, para que salieras con tu novia. Por supuesto no se acordaba, así que traté de refrescarle la memoria. -Sí, tú me dijiste que cuando tuviera novia tú me ibas a ayudar para salir con ella, y ahora me puedes ayudar. - Ya, ya, ya – me dijo con su natural alegría – ya sé para dónde vas, ¿Cuánto necesitas? - Quiero ir al baile de la “Normal” y no tengo nada. Le dije el costo de la entrada, y él, muy buena onda, me dio el dinero más un “extra”, para que no anduviera jodido. Fui al baile, me la pasé muy bien, y con Víctor la deuda quedó saldada. Aunque ahora que Víctor se fue, me he dado cuenta que yo le quedé a deber mucho, me duele en verdad, no haber podido ser un mejor hermano para él.
Ahora que todo mundo se siente pedagogo y especialista en educación, y que circula por internet mucha información acerca de que, en los países con alto nivel educativo, los maestros ya no dejan tareas a los alumnos, quiero oponerme a la corriente general, apoyado en dos o tres experiencias personales. Hace muchísimos años (y muchos miles de cigarros) yo estudiaba en Ingeniería Química, (antes de que existiera C. U.) El maestro de cálculo (Alfonso Castañeda), un buen día nos dejó un trabajo para tener derecho a examen: Resolver 1000 derivadas del Demidovich (la biblia del cálculo de aquel tiempo), ¡Eran un chingo! Yo, todos saben que soy perezoso, pero no desobligado, sabía que era demasiadas y junto con mi amigo Jorge Tapia Gaona, hicimos el plan de hacerlas en equipo, uno hacia los pares y el otro los impares, y nos las íbamos pasando. Y así fue, resolví quinientas derivadas, y Jorge otro tanto. El día del examen, todos los alumnos de 1° de I. Q. estábamos formados a la entrada del salón, cada uno con un grueso fajo de hojas llenas de derivadas resueltas. Cuando me tocó entregar las mías hablé con el maestro de algo que me parecía mal. -Maestro, - le dije-, no le voy a decir cuántas derivadas hice, pero sé que cumplí con lo que me pidió. Pero –añadí- todos las están entregando, y yo le puedo apostar que muchos, no sé cuantos, las copiaron y no resolvieron ninguna. - Si, yo también creo eso. –Repuso el maestro. - Pues a mí, se me hace una jalada que nos haya puesto ese trabajo, porque sé que muchos no cumplieron, y usted les está dando la oportunidad de hacer el examen. - No te preocupes. –Dijo sonriendo.- Dentro de un rato te voy a decir quienes las hicieron y quiénes no. -¿? Entré al salón, nos puso el examen y comenzamos a resolverlo. Teníamos dos horas para terminar. Pues bien, 20 minutos después, cuatro compañeros y yo estábamos en el cancha de básquet de la escuela de Farmacobiología, (sede de la facultad de Ingeniería química antes de estar en C. U.) “canasteando”. Alfonso Castañeda, el maestro desde la puerta del salón, donde los demás compañeros estaban sufriendo, me hizo señas para que me acercara y hablar. -Jesús,- me dijo al estar con él, -¿Quieres saber quiénes resolvieron las 1000 derivadas? Puse cara de “noentiendonimadres”. -Los que hicieron el trabajo. –Concluyó con una sonrisa.- Son los cinco que están jugando basquetbol. Me di cuenta que el maestro era un “chingón”. No nos había dejado esa tarea nada más por “chingar”. En realidad, el haber resuelto ese “chingo” de derivadas, nos hizo tan “chingones”, que el examen, para nosotros “chingó a su madre” en 10 o 15 minutos, y todos sacamos un 10 súper chingón, (siempre quise usar en exceso el verbo “chingar”, y creo que lo conseguí al menos en parte). El haber hecho la tarea, aunque solo resolví 500, me hizo un experto en derivadas, y nunca he vuelto a tener problemas con ese tema. En otra ocasión, un amigo me prestó un libro de táctica en ajedrez, venían problemas y combinaciones ajedrecísticas de muchos temas. Iniciaba con 40 problemas, de dobletes de caballo. Me puse a trabajar en ellos, y hasta la fecha, de los dos que no pude resolver recuerdo perfectamente la posición. Lo curioso es que el siguiente sábado, (los sábados eran de jugar ajedrez en el café), no sé cuantas partidas jugué, tal vez unas cuatro o cinco, pero en varias di dobletes, o amenacé con darlos y gané material. Me di cuenta que todo se entrena. Los dobletes y las derivadas me enseñaron que si quieres dominar algo, (cualquier tema), solo tienes que realizar exactamente “pinche mil ejercicios” (ojo, es un número muy grande), y ese es el único camino que conozco para ser un “chingón” en algo. Para eso son las tareas. Y a partir de entonces no creo en los genios, creo en el esfuerzo y el estudio. A mí, que nadie me venga a decir que las tareas escolares no sirven. Tal vez haya algunos, más bien muchos, maestros, que dejan tareas solo por joder, y que ni las revisan. Cuando daba clases de ajedrez en la UNLA, un estudiante me dijo en cierta ocasión: -Ya maestro, díganos la neta…¿Cuál es la jugada secreta? - Ah que astuto –repuse – me descubriste, y te voy a decir la jugada secreta en el ajedrez; chíngale duro, estudia a madres y resuelve toneladas de ejercicios. El problema con muchos niños bien, es que lo quieren todo cómodo y fácil, quiero cerrar con una frase que me parece muy acertada, aunque no sé de quién es: “A los hijos hay que educarlos con un poco de hambre y un poco de frío.”
Corría el año de 1988 o 1989, cuando mi padre, nacido en 1900 empezó con la demencia senil. (Dicen que el Alzheimer no existe), estaba peor que un niño de dos años; a dos o tres metros de la puerta ya estaba perdido. Estaba en Morelia, mi hermana Cecilia y yo nos encargábamos de él, un mes cada uno, alternándonos. Nunca le di las gracias a mi esposa por haberme ayudado con él en esa difícil situación, y aprovecho este espacio para hacerlo: ¡Gracias Catalina por la paciencia y el cariño con que me ayudaste a cuidar a mi padre!. Después de varios meses un día hablando con Cecilia, le comente que me sentía mal con mi papá. - Lo que pasa, -le dije,- es que el mes que le toca contigo, esta mejor atendido, tú tienes quien te ayude en la casa, y el siempre está bien cuidado, en cambio yo no tengo a alguien que le de atención personal, como debiera ser. - ¡Estas loco! - Repuso Cecilia. - tú le das algo mejor que le ofrecen en mi casa ¡Libertad! Yo no lo había analizado, pero tenía razón ella. Sí, era cierto, conmigo mi padre era libre…. Les contaré. Por las mañanas después de desayunar, salía con mi papá. Yo utilizaba las mañanas para conseguir contratos, presentaciones o clases de matemáticas, mi itinerario iba por la casa de la cultura (aun no era instituto), el café el “EL PANAL” que fungía como mi oficina, y donde Pepe, el dueño, no ponía reparos en que recibiera llamadas por teléfono. Algunas oficinas de gobierno o empresas que pudieran contratarme, o simplemente amigos-contactos que me apoyaban para tener presentaciones, o clases, exhibiciones de ajedrez con lo que sacaba los “catorce pesos” del día. Pues bien (Ah hermosa Morelia del pues), caminaba con mi padre rumbo al centro, y lo dejaba en una banca de la plaza de armas, le metía en la bolsa 5 o 10 pesos, para si se le antojaba alguna fruta o dulce, y lo dejaba abandonado. Me iba a hacer mi periplo por las oficinas y el café, buscando la chamba del día, recuerdo que en esa época conseguía, en promedio, un contrato diario, (me iba muy bien), y como a las dos o tres de la tarde volvía a la plaza de armas a buscar a mi viejo para llevarlo a la casa a comer, a veces todavía estaba en la plaza, pero a en ocasiones… y ahí comenzaba la “madriza”. Cuando no estaba donde lo dejé, me tocaba “talonear” buscándolo hasta encontrarlo. Yo sabía que cuando no estaba en la plaza lo encontraría en alguna iglesia o en algún otro jardín del centro de Morelia (afortunadamente para mí, a sus casi noventa años no podía ir muy lejos). Buscándolo llegué a pasar de media a una hora, y casi siempre lo encontraba. Pero cuando no conseguía hacerlo, me iba a mi casa, sacaba mi bicicleta, y reanudaba la búsqueda. El día que lo encontré más lejos fue en la Pila del Ángel platicando con “El gallito”, (tal vez algunos recuerden al pianista que interpretaba canciones de Agustín Lara en el restaurante “La Huacana“, hoy en día un bar de homosexuales). Pero por fortuna siempre di con él, y me lo llevaba a comer. Esa era mi rutina diaria en este tiempo, y comprendí, por mi hermana, que no debía sentirme mal. En alguna ocasión, un buen amigo, a quien le conté lo que hacía con mi papá, me dijo: - Oye cabrón no la jodas ¿y qué tal si un día lo atropellan y… lo matan? Para entonces ya había tenido la plática con mi hermana y repuse; -Me vale, mi padre siempre fue libre, vivió toda su vida en libertad, y si un auto lo atropellara y muriera, no creo tener cargos de conciencia, por que moriría en libertad. Creo que lo que hacía era mejor que tenerlo en casa encerrado como un perrito. Mi padre era un ser humano, y merecía seguir viviendo como ser humano, y morir como tal. En realidad, si le hubiera ocurrido algo, no sé si mi conciencia me hubiera dejado en paz. Pero como no le pasó nada, puedo relatar esta anécdota, tranquilo y satisfecho con la actitud que tuve hacia él. Si no puedes ofrecer bienes y confort, ofrece tu esfuerzo. Como les dije hace unos días, voy a seguir contando chismes de mi vida, y al que le interese que lo lea, y al que no le interese que no lo lea. Ai´les va otra.
===== SER EL HÉROE DE TU HIJO NO TIENE PRECIO =====
Debió ser en 1992, yo era presidente de la Asociación Michoacana de Ajedrez y aún jugador activo, junto Luis C. Chávez, Octaviano Cerriteño, Rafael Torres, Víctor Aguilar, éramos de los jugadores más fuertes del estado, todos habíamos sido campeones estatales en algún momento. Fui a Pátzcuaro por motivo de apoyar su club de ajedrez, y entre mis actividades tenía que dar una exhibición de simultaneas contra 30 jugadores, el resultado fue +27 =2 -1, el problema fue que el que me ganó, era un tipo odiado en Pátzcuaro por “mamón”, y sin ser de los mejores, a todos andaba presumiendo haber sido el único que me había ganado. Un jugador local me comentó que era una desgracia que hubiera perdido contra él, porque de ahora en adelante, no lo iban a soportar, era muy hablador e insoportable, según ellos. Tuve entonces una idea que afortunadamente funciono, y delante de varios jugadores le dije al tipo que si me daba la revancha. El tipo se sintió alagado de tener el derecho de jugar conmigo de tú a tú, mano a mano, y aceptó sonriente. Él sabía que si perdía, su dignidad no se deterioraba, pues yo aún era uno de los cuatro o cinco mejores jugadores de Michoacán. - Solo que, - le aclare, - yo voy a jugar “a la ciega””, es decir, con los ojos vendados, o de espaldas al tablero. Los ánimos se calentaron, era un reto sui generis, yo “a la ciega”, y el viendo. Se dispusieron las piezas, e inicie con mi consabido 1.e4. Recuerdo que al salir de la apertura sacrifique un peón para “sacar a bailar al rey” e inicie un fuerte ataque en el tablero. No era ningún mérito para mí, el tipo había tenido suerte en las simultáneas, pero en realidad no jugaba muy bien. Lo interesante fue que, había invitado a mi esposa, un paseo a Pátzcuaro era un buen paseo, y habíamos ido con mis tres hijos. En cierto momento del medio juego detecte y calcule una posibilidad de dejarme dar doblete con el caballo y perder la Reyna, a cambio de hacerlo caer en una red de mate. Yo estaba sentado dando la espalda al tablero (en realidad no me vendé los ojos, solo estaba dando la espalda diciendo mis jugadas), y mi hijo que tenía cuatro o cinco años vino hacia mí, y se acomodó recargado en mis piernas, pero viendo la posición. Jesús tenía poco de haber aprendido a mover las piezas, y entendía rudimentariamente lo que acontecía en el tablero. Yo estaba en jaque y deliberadamente moví mi rey mientras amenazaba una pieza con mi dama, a una casilla donde tenía riesgo de recibir un “doblete”. En su siguiente jugada el tipo acomodo su caballo para darme el doblete en caso de que mi dama tomara la pieza. Mi cálculo era correcto y tome la pieza jugando la dama expuesta al doblete y él, ni tardo ni perezoso, me dio el jaqué esperado. Mi hijo se acercó al oído y me dijo en secreto: - Papa te van a comer la Reina. - Yo solo sonreí y dije mi jugada moviendo el rey a donde obstruía los escapes del rey contrario. El hombre casi gritó: - ¡Caballo por dama! - Se notaba una gran alegría en su voz, yo esperé unos segundos para que disfrutara (mientras más alto vuelas más dura es la caída). - Alfil por a7 jaque, - repliqué, y poniéndome de pie agregué, y mate en dos jugadas más. El tipo, la concurrencia, pero sobre todo mi hijo, miraron el tablero asombrados. - ¿Mate? ¿Dónde? - Pregunto él con los ojos desorbitados. -¡Aquí pendejo! - Le indico uno de los “mirones” que lo habían detectado de inmediato, y le mostró la continuación. Cuando se realizaron las jugadas sobre el tablero y se dieron cuenta que no había escape, Jesús se acercó a mí y me dijo: - ¿Te dejaste comer la reina para dar mate? - Su cara reflejaba asombro y un cierto dejo de admiración. Sonreí afirmando y me gustó ver su cara feliz. Yo también feliz, sobretodo de que mi hijo me viera con admiración, no voltee al tablero, sino que me dirigí, triunfante, a donde estaba esperando mi esposa con mis dos hijas, en una esquina del local. Al rato, paseando por Pátzcuaro, vimos un anuncio de Alejandro pico en “El Viejo Gaucho” o el “Rincón Gaucho” (no me acuerdo). Yo conocía personalmente a Pico, y aunque nunca lo había visto en escena, ni tenía referencias de él, sospechaba que era muy bueno en lo suyo, fuimos a verlo y escucharlo, y ahí cerramos la noche. No me decepcionó, Pico es un cantautor muy bueno, creo que ahora Morelia lo sabe. Fue un digno remate para mi aventura ajedrecística en Pátzcuaro. C
Así que les aviso que el costo es de $120.00 + $50.00 (envío). En tres días estará a la venta vía Kindle. Por otro lado y a manera de promoción aquí va el prólogo y el primer capítulo: PRÓLOGO ¿Quién es el mejor jugador de ajedrez de la historia? Vaya pregunta, imposible de contestar. Pero lo importante no es si se puede contestar o no, lo importante es… que es una pregunta sin sentido, pues si pudiéramos enfrentar a Capablanca con Fischer, por ejemplo, tal vez, en el momento del encuentro, a uno le duela la muela, o se sienta deprimido, o quizá haya tenido un grave problema familiar, y entonces el resultado no va a depender de sus capacidades ajedrecísticas, sino de causas externas, que nada tienen que ver con el ajedrez. En lo personal considero que hacer comparaciones es insensato, cada uno hizo lo suyo en su momento. Todo tuvo su tiempo y su lugar. Es interesante que esta pregunta se extrapola a casi todos los deportes ¿Pelé, Maradona o Messi? ¿Mohamed Alí o Rocky Marciano? Etc. Sí, cuando nos comparamos, todos deseamos ser el número uno, y en ese camino nos encontramos una larga serie de contratiempos y frustraciones, que… -lo digo muy en serio-, nos producen más pesares que placer. Si las derrotas no te causan dolor, no eres buen ajedrecista. Luis C. Chávez El ajedrez es una actividad altamente competitiva, y en eso va acorde con nuestro sistema educativo actual, (y no hablo de México, sino a nivel mundial), el cual es un sistema creado para promover la competencia y la rivalidad, donde todos buscan con ansiedad ser el primer lugar. Yo considero que las escuelas no son centros de enseñanza, sino de adiestramiento y entrenamiento. En la escuela nos entrenan para competir y no para compartir. En mi carácter de entrenador de ajedrez frecuentemente me han cuestionado sobre si mi sistema de entrenamiento es pedagógico o no, y he tenido que contestar con la verdad: No. No es pedagógico, porque los alumnos que van a mis clases quieren competir y ganar torneos, y la pedagogía poco tiene que ver con los triunfos deportivos. Para ganar torneos se necesita demasiado esfuerzo y sacrificio, y muchos estudiantes no resisten la presión del estudio, ni la intensidad del entrenamiento. En mi caso, que no tengo, ni tuve talento para el ajedrez, solo conseguí ser campeón de Michoacán. A nivel nacional, jugué en primera fuerza solamente en dos ocasiones, quedando a media tabla (cuatro puntos de ocho), y eso con muchísimas horas de estudio y dedicación. Mis pobres éxitos se debieron más que a un talento especial, a mi amor por Caissa. Mi estilo de juego era «aburrido», excesivamente posicional, y solo conseguí buenos resultados deportivos, cuando me acepté con mi estilo frío y defensivo. Alguien dijo alguna vez, «El ajedrez es un juego muy bonito, pero es más bonito cuando se gana», y yo quería ganar…, ser campeón. Yo anhelaba además, como la mayoría de los ajedrecistas noveles, ser un jugador elegante, me hubiera gustado ser un jugador de sacrificios brillantes, y ataques espectaculares, como Bronstein, Blacburne, Tchigorin, Alekhine, Tal o Stein,pero no lo era. Spassky dijo que Kárpov era un Petrosián mejorado (por su estilo de juego), y si eso es así, entonces yo sería un Petrosián… muy desmejorado. Dicen que mis partidas deberían ser más interesantes. Yo podría ser más interesante, y también podría perder. Tigran Vartanovich Petrosian (Campeón Mundial 1966-1972) Afortunadamente la edad nos hace un poco sabios, y en la actualidad, cuando juego ajedrez, no me importa tanto ganar, sino divertirme. Al igual que los niños, que también son sabios, y cuando juegan, lo hacen sólo para divertirse. Mira, con esta jugada me puedes comer la reina. Cati Isarrarás (a su oponente, cuando ella tenía cuatro años) No se trata de destruir al adversario sino de construirte a ti mismo. Ahora, cuando juego, mi objetivo es producir una partida bella, ya sea rematándola con una combinación brillante, o realizando una maniobra posicional sui generis. Ahora no me importa tanto el perder o ganar, y me arriesgo más en planes y maniobras interesantes. Incluso he disfrutado al ser derrotado, cuando el contrincante me vence con una combinación sorprendente y llamativa. prefiero… disfrutar, a medir. Joan Manuel Serrat Sí, ahora pierdo más partidas… pero disfruto más el ajedrez. Así que, ahora, cuando alguien me pregunta sobre el mejor jugador de la historia, me limito a contestar cuales son mis favoritos, pues la pregunta es, en sí misma, estúpida. El autor I UN NUEVO CAMPEÓN DEL MUNDO 1 de septiembre de 2052 La teoría de la relatividad era cierta, habían pasado más de siete minutos, pero para el joven inclinado ante el tablero, pareció un segundo, mil ideas surcaban el cerebro del más grande genio del ajedrez de mediados del siglo XXI: el jugador norteamericano de origen sueco, Kristian Andersson. Su mano por fin se animó, tomó el caballo de f4, lo colocó en e6 y apretó el botón del reloj, para finalmente tomar su pluma y anotar la jugada, con una enigmática sonrisa dibujada en sus labios. El silencio era absoluto en el escenario del teatro donde se celebraba el encuentro. Al campeón Fyodor Fyodorovich Vólkov, a causa de la terrible tensión, le resaltaban las venas de la cabeza, lo cual se podía observar a leguas de distancia, a causa de su prematura calvicie, Fyodor se concentró nuevamente en la posición y su rostro se fue ensombreciendo paulatinamente; por más variantes que calculaba, parecía no haber solución, la posición era aún compleja, pero sin esperanza, estaba perdido, tenía que aceptar la derrota… rendirse. La relatividad funcionaba a la inversa para el campeón mundial de ajedrez. Después de un minuto, que sintió como si fueran mil años, respiró profundamente, estiró su mano derecha, detuvo el reloj y acto seguido, valientemente, con la actitud de un auténtico caballero, el cual era en toda la magnitud de la palabra, la ofreció a Andersson en señal de rendición. No bien se saludaron, un estruendoso aplauso rompió el silencio expectante, que durante tres horas y media, se había posesionado del salón donde se jugaba la última partida por el campeonato mundial de ajedrez. Kristian Andersson era el nuevo campeón mundial, los pronósticos se habían cumplido, siempre fue el favorito, y con las apuestas cinco a dos a su favor, en las Vegas y Montecarlo, había triunfado. Se preparó toda su corta vida, 26 años, para este momento, y por fin conseguía su objetivo. Su socarrona sonrisa asomó a su rostro, era un gran jugador sin duda, poseía una excesiva confianza en sí mismo, tenía juventud, inteligencia, conocimientos y una mezcla especial de pedantería y cinismo que le habían acarreado, de siempre, una terrible animadversión entre la gente de prensa, y aun entre los colegas ajedrecistas que lo habían conocido. Andersson se volvió hacia el público que abarrotaba el teatro, levantó la mano derecha empuñada, mostrando el dedo índice extendido, indicando que era el número uno. Fue entonces que se vio envuelto en un mare magnum de personas que querían saludarlo, felicitarlo, y periodistas que deseaban entrevistarlo. Este era su gran momento, siempre soñó con este instante, y con las entrevistas que vendrían. No disfrutaba el juego en sí, estaba gozando del éxito. Sólo para esto había vivido: el campeonato mundial, y ahora lo tenía. Todo el Universo lo escucharía. Cada palabra que dijera sería transmitida al mundo entero a través de los medios de comunicación, escritos y electrónicos. Al bajar del escenario, ya como campeón mundial, los reporteros se arremolinaron alrededor de él, y las preguntas comenzaron a envolverlo, mientras se dirigían a la sala de prensa para la consabida entrevista. «¿Dudó en algún momento de su triunfo?» «¿Qué planes tiene para el futuro?» «¿Cuánto tiempo retendrá el título de Campeón Mundial?», Las mismas preguntas estúpidas que desde siempre había soñado que le hicieran. La rueda de prensa prosiguió y Kristian respondía eufórico. Un periodista francés levantó la mano, se presentó como Jean Leblanc, reportero de Le Monde. Kristian le dio la palabra. –¿Podría vencer a los programas actuales de computadora? – Le preguntó. El rostro de Andersson se coloreó. –Soy el mejor jugador de ajedrez. –Quiso salirse por la tangente. –La máquina juega ajedrez, –insistió el reportero de Le Monde. Andersson tuvo que bajar de su pedestal por un momento y responder con cierta modestia. –Tampoco soy un soñador; todos sabemos que desde Deeper Blue no es posible que un humano derrote a una máquina, la tremenda capacidad de cálculo que poseen los equipos cibernéticos desde fines del siglo pasado, está por encima de la capacidad del hombre. El reportero aprovechó que estaba en «modo sencillo» y preguntó: –¿Qué sucedería en un hipotético encuentro entre Kristian Andersson contra un Fischer, Capablanca, Kaspárov, Alekhine o Morphy? –Creo que ya lo dijo Bent Larsen cuando se le preguntó lo mismo sobre Morphy, no disfrutarían mucho, casi cualquier gran maestro actual los derrotaría, no tienen nivel competitivo para nuestra época, el nivel técnico de hoy es mucho más alto. Esos jugadores, muy buenos en su tiempo, no tendrían esperanzas contra jugadores como yo. Era el campeón, por eso nadie se atrevía a contrariarlo, pero su presunción era molesta, aun para los reporteros. –¿O sea que…? –Ninguno de esos jugadores podría derrotarme.– Aseguró Anderssen con jactancia. Soy el mejor, vencerlos sería para mí relativamente fácil, casi como jugar con un niño. -En conclusión -dijo el periodista francés-, no puede derrotar a la máquina pero es superior a todos los seres humanos. -Sí, así es. -respondió el campeón con complacencia. -Es decir, -continuó el reportero-, que si se pudiera celebrar un encuentro entre los mejores jugadores de la historia del ajedrez, usted y la supercomputadora Deeper Blue, ¿la máquina quedaría en primer lugar y usted en segundo?. -Sí, creo que así sería. Desde que Deeper Blue salió a la palestra no ha habido ningún hombre que la supere, incluso yo he sido derrotado por ella. -Bueno, pero usted era entonces todavía sólo un Gran Maestro que prometía, no era campeón mundial. -Hay que reconocer que la tecnología avanza y que las computadoras se adueñan de nuestro mundo. Desde el año 2000 todos sabemos que no es posible ganarle a la máquina. Kaspárov perdió contra Deep Blue en 1997 y ni siquiera se planteó una revancha, y ahora existe Deeper Blue, la mejora de Deep. Pocos maestros se han atrevido a retarla y todos, sin excepción, han quedado mal parados en sus respectivos encuentros. El periodista se sonrió, podía robar al campeón, un poco de su aura de semidiós. -Así que usted se siente impotente ante un montón de alambres de fibra óptica y «chips». El campeón se enfureció, quiso responder con algún sarcasmo, pero el periodista se dio media vuelta, y en un instante ya había desaparecido entre la multitud. -Concluyó la rueda de prensa –interrumpió Hans Caledus, su entrenador, quien visiblemente molesto hizo una señal de despedida a todos los reporteros deportivos que se encontraban ahí. Algunos periodistas se resistieron y querían seguir haciendo preguntas, pero finalmente comprendieron que ya no habría más respuestas y comenzaron a desalojar la estancia ante la mirada complaciente del asesor-entrenador del campeón. Sólo una persona, un anciano, no se levantó, permaneció sentado en su lugar, como si la rueda de prensa no se hubiera interrumpido, el hombre viejo miraba al joven campeón inquisitivamente. En unos minutos la sala quedó vacía con excepción del viejo, Kristian, y Hans, su entrenador. El viejo, con 91 años a cuestas, se levantó pesadamente de su lugar y con pasos lentos se acercó al campeón y su asesor. Estos lo observaban intrigados, la mirada del extraño hombre era profunda y aguda, de alguna manera le recordaba la mirada «hipnótica» de Mijail Tal. Recorrió con pasos cortos y muy lentos, apoyado en un bastón, los ocho metros entre ellos. Se plantó frente al joven campeón y con voz grave y muy pausada comenzó a hablar. –Eres bueno Kristian. Al campeón le molestó que le hablara de tú, y siguió en silencio. –Tu nivel en el ajedrez es casi tan grande como el tamaño de tu ego. –¡Quien se cree que es usted! – Gritó Kristian exasperado. Ahora estaba realmente de mal humor. Pausadamente el extraño hombre se llevó el dedo índice a los labios indicándole silencio. El campeón y su entrenador estaban bajo el influjo de esa intensa mirada. Se adivinaba que ese hombre tenía algo importante que decir. Justo en ese momento entró el molesto periodista frances y se quedó en la puerta observando. Hans, el entrenador, se percató de él y le apretó el brazo a Kristian, indicándole que se calmara y se retiraran, pero el anciano comenzó a hablar. –No eres el mejor jugador de la historia muchacho.– Dijo con su voz pausada, y ante la mirada extrañada del entrenador y del campeón, agregó: -Yo conozco al mejor. –¿Quién se cree usted para afirmar que no soy el mejor? –Kristian Andersson estaba ya de mal humor y prácticamente gritó: – Soy el campeón del mundo. –Hoy, pero no de la historia. El campeón se volvió hacia el viejo. –¿Usted qué puede saber de ajedrez?, la historia me depara ya un lugar, y si se pudiera conseguir que me enfrentara con todos los campeones del pasado estoy seguro que los vencería… –Muchacho, eres muy joven, y como todos los jóvenes engreído, –el anciano le interrumpió–, si no escuchas nunca aprenderás. –Volvió a hacer un ademán para que guardara silencio y escuchara. El periodista, que se iba acercando, parecía estar divirtiéndose a raudales, gozaba las tribulaciones del campeón. –No se puede hacer un torneo donde podamos competir con Fischer, Capablanca o Steinitz. Si fuera posible, se lo demostraría. –No sabes nada. –El viejo continuó.–Ese encuentro ya se celebró. Hizo una pausa para observar la reacción del joven campeón ante sus palabras. Jean Leblanc, el periodista francés lo miraba atento, se notaba que se estaba divirtiendo. –Y te lo puedo decir porque yo estuve presente. Pero tal vez eso te interese menos que tus sueños de gloria, así que creo que es mejor dejarte para que disfrutes tus sueños vanos. –Dijo el anciano y dio media vuelta con intención de retirarse, pero, como si de repente se hubiese acordado de algo, se detuvo, llevó una mano a la bolsa interior de su saco y sacó un sobre amarillento y algo arrugado. –Es un regalo, –dejó el sobre en sus manos–, observa lo que hay dentro con cuidado. El joven tomó el sobre mecánicamente y el viejo se despidió con una inclinación de cabeza. Jean, sin dejar de sonreír, de pie, en el marco de la puerta, esperó pacientemente al viejo, que se movía con excesiva lentitud, y lo tomó del brazo ofreciéndole su apoyo, y se fue con él. Kristian y su entrenador, se quedaron plantados en su lugar, y solo lo siguieron con la mirada, el hombre seguramente tendría más de 90 años, pero caminaba erguido y con paso firme, aunque lento, apoyándose ligeramente en su bastón.
ya se cansó de escribir anécdotas y no tendremos que aguantarlo ¡Pues no! ahí va otra: YO SOY GARRIK, CAMBIADME LA RECETA Corría la década de los 80´s. En ese tiempo Rolando (el pollo) López Monroy y yo trabajábamos juntos en “El colibrí”, sin duda uno de los mejores lugares nocturnos de Morelia (en esa época), y aunque suene medio mamila, éramos las “estrellitas” del lugar. Pues resulta que mi papá con ochenta y tantos años (nació en 1900), decidió hacer un viaje a Los Angeles, para visitar a mis hermanos, y estando allá un mal día, salió del negocio de mi hermano José Luis (Jose´s Ice Cream), para ir a la tienda de la esquina, y ¡pácatelas!, Halzheimer atacó en unos minutos, y mi padre no volvió. Pasó más de una hora y mi hermano, desesperadamente, comenzó a buscarlo y… no lo encontró. José Luis, ya angustiado, nos habló comunicándonos la tragedia, (creo que era un lunes), a partir del día siguiente puso a todos sus empleados a buscarlo, y en lugar de salir a vender nieve en las camionetas, se dedicaron a tratar de encontrarlo. De inmediato mi hermano mandó distribuir un cartel con la foto de mi papá, ofreciendo una recompensa de mil dólares para quien lo encontrara, o diera datos para encontrarlo, (la foto que acompaña esta anécdota es de dicho cartel). La angustia fue para toda la familia, mi hermana Cecilia salió de inmediato a Los Angeles, para ayudar en lo que pudiera, yo no pude ir porque no tenía visa, yo había estado varias veces en Los Angeles, e incluso tenía licencia de manejar en EEUU, podría haber ayudado, pero como dije no tenía visa. Así que me quedé en Morelia, solo a esperar noticias. En ese tiempo teníamos una hija, Catalina, y mi esposa estaba embarazada por segunda vez. Ya habíamos acordado que si era niño se llamaría Jesús, (¿Por qué Jesús? Pues porque cuando yo estuve en la prepa me enteré que en la religión católica habían prohibido ponerle a los hijos el nombre de Jesús, para que quedara como nombre exclusivo para Jesucristo). Y como siempre fui rebelde, y me encantaba llevar la contraria, yo había jurado y perjurado que cuando me casara y tuviera un hijo, se llamaría Jesús. Nomás por joder, ya me conocen), pero no teníamos decidido el nombre si repetía niña. Esta situación fue tan dura, que al segundo o tercer día, a media noche estuve llorando, mi mujer se despertó y como para consolarme en mi pena me dijo: -Si es niña le pondremos Luisa (mi papá se llamaba Luis). Así que la segunda se llama Luisa. Como dije, trabajaba en “El colibrí”, donde nos presentábamos Rolando y yo, dos o tres veces por semana. Nuestro espectáculo (“chou” en inglés), era de poemas y canciones, y siempre con mucho buen humor. Creo que fue el jueves cuando, con una gran tristeza, (faltaba como una hora para nuestro numerito), me salí al patio a fumar (que raro), y a pensar en mi papá, (perdido en una ciudad tan violenta como Los Angeles, con ochenta y tantos años, sin saber ni quien era). Pensaba lo peor. ¿Estará pasando frío y hambre?, ¿lo habrán herido?, tal vez lo mataron para asaltarlo. Por mi mente solo se atravesaban pensamientos lúgubres. No pude más, y a solas, comencé a llorar. En eso salió mi compadre Rolando, junto con él “cuañaito”: Beto Maldonado para avisarme que nos tocaba subir al escenario. Al verme llorando, Rolando me dijo que mejor suspendiéramos la función. -Compadre, -me dijo, -creo que no estás en condiciones, ni de humor para hacer reír a nadie. Pensé un rato sobre esa opción, pero al final le contesté: -No compadre, la función debe continuar, de esto comen mis hijos y aunque esté destruido por dentro, tengo que salir a hacer lo que me toca. Era doloroso, pero no me podía rajar, no podía dejar de trabajar y ganar unos cuantos pesos para llevar a casa. Rolando y yo salimos a escena y cumplimos. Al terminar me acerque a la mesa donde estaba Beto, y éste queriéndome ayudar me dijo. -Mira “cuñaito”, “orita” nos vamos a mi casa, compro tres pomos de tequila y nos ponemos una buena, al menos, bien borracho, vas a irte a dormir sin tanta pena. Le agradecí la buena intención y fui con el “Rolex” (Rolando), y le comuniqué el plan. Este se puso serio y me dijo: -Creo que haces mal, no sé qué noticias recibirás mañana de tu papá, tal vez buenas, o tal vez malas. Pero sean las que sean, pienso que debes recibirlas de pie y entero, venga lo que venga, debes estar consciente y lúcido. Consideré que tenía razón, viniera lo que viniere, había que recibir la noticia entero y de pie. Así que fui con Beto y le dije que no, que me iba a dormir a casa con mi mujer y mi hija. Sabio consejo el que me dio Rolando. Al día siguiente Catalina, mi esposa me despertó -¡Jesús! ¡Jesús! -¿Qué pasa? –Desperté medio atarantado por la desvelada, pero no crudo, bien consciente. -¡Encontraron a tu papá! ¡Está bien! ¡No le pasó nada! Sabio consejo el que me dio Rolando, fue hermoso recibir esa noticia en mis cinco sentidos, disfruté tanto el saberlo, “qué chingón que no estoy crudo”, pensé. Desde entonces aconsejo lo mismo a los amigos que esperan noticias buenas o malas, y les recuerdo la obra de teatro de Alejandro Casona: “Los árboles mueren de pie”. Hablé de inmediato a Los Angeles y, mis hermanos, felices, me confirmaron la noticia. -Anoche pensé lo peor, -le dije a José Luis, temí que le hubieran hecho algún mal, o hasta que lo hubieran matado. Mi hermano, muerto de risa, me comentó: -De eso nada, nadie le hubiera hecho daño. – Me dijo-. Después de distribuir el cartel, el viejo valía mil dólares, más bien lo iban a cuidar para entregarlo enterito. Yo también reí feliz, en mis pensamientos volví a dar gracias a mi compadre, por haber evitado que me pusiera “pedo” la noche anterior. Luego me enteré que cuando a mi hermano José Luis le habló un negro, para preguntarle si era cierto que había una recompensa de mil dólares por el viejito, y él lo confirmó. -Yo lo tengo, -le dijo el negro, y le dio el domicilio. Mi hermano temiendo que fuera una trampa, se hizo acompañar por todos sus choferes en las “trocas” para vender nieve, y se apersonaron en el lugar. El negro, inquieto, los esperaba en la puerta de su casa. -¿Tú tienes a mi papá? –José Luis le preguntó, en cuanto se acercó. -¿Traes los mil dólares? –El negro preguntó a su vez. -Aquí están –dijo mi hermano palpándose la bolsa del pantalón. -¿Puedo verlos? -Primero mi papá ¿dónde está? -Allá adentro. –respondió señalando su casa. -Tráelo -Primero los mil dólares. Se dieron cuenta que ambos desconfiaban el uno del otro y había que solucionarlo. Afortunadamente mi hermano iba acompañado de su hijo Alejandro, que a la sazón, contaba con once o doce años, y tuvo la gran idea. -Deja que entre el niño, y si mi papá está adentro te doy los mil dólares. El negro aceptó, y Alejandro entró en la casa. Unos minutos después salió. -¿Está tu abuelito adentro? –preguntó mi hermano. -Sí. –dijo Alejandro. -¿Está bien? -Está comiendo. -Entonces está bien. Mi hermano sacó la cartera y le dio el dinero al negro. (Mi papá era muy tragón y si estaba comiendo, seguro que estaba bien). Lo cotorro es que, una vez realizado el intercambio el negro se acercó a mi hermano y le dijo. -Oiga, ¿no me puede dar un “raid” al banco? -¿Para qué –preguntó José Luis -Es que ahora, -comenzó el negro, -todos los vecinos saben que tengo mil dólares y necesito ir al banco a depositarlos, si no lo hago, capaz que me parten la madre por el dinero. Quiero decir algo importante, esa experiencia me dejó mucho más aprendizaje que muchas experiencias en mi vida.
Entenderán que ando muy acelerado y "apentontado", pero están saliendo bien las cosas y no voy a publicar anécdotas hasta que regrese, a fines de septiembre.
Quiero compartirles algunas fotos de los alumnos que conformaron el grupo de “prepa” con el que me “estrené” como maestro, esperando que ellos puedan verlas y comunicarse conmigo pues tengo ganas de volverlos a ver. Adjunto una lista de clases que encontré por ahí: GRUPO “EFREN TAVERA V”, ESCUELA PREPARATORIA NOCTURNA POR COOPERACIÓN “MELCHOR OCAMPO” 1.- J. Alfredo Alviz Alvarado. 2.- Cipriano Cortes Villanueva. 3.- J. Jesús Chávez Téllez. 4.- Luz María Delgado Romero. 5.- José Luis Díaz Cervantes. 6.- Alfredo García Lara. 7.-Eliel García Santana. 8.- Ma. De los Ángeles Araceli Guízar Marín. 9.- J. Jesús Hernández Avellaneda. 10.- Noel Hernández Pineda. 11.-Fabiola Jiménez Merino. 12.- Guillermo López Larrea. 13.- José Juan Maciel Gómez. 14.- Leticia Gaona Montalbán. 15.- Mariano Manrique Carbajal. 16.- Héctor Méndez Espino. 17.- Manuel Mendoza. 18.- Manuel Padilla Chávez. 19.-Salvador Gil. 20.- Efrén Tamariz Benítez. 21.- Juana Juárez Rangel. 22.- Patricia Fuentes Loza. 23.- Amando Silva.
El mejor momento de mi vida fue el momento en que nací, aunque haya sido doloroso, (les juro que no me acuerdo), pero ahorita estoy pasando por uno de los mejores momentos de mi vida, y he estado pensando que la felicidad es sumamente egoísta, y siento que a veces me escucho algo pedante (tradúzcase mamón), cuando en realidad le debo dar las gracias a mi familia y amigos, y a todos los que me han apoyado. Creo que sin esas personas sería un pendejo más en el planeta (¿Político tal vez?). Por tanto quiero pedirles que si me sienten, con mis comentarios, pasado de la raya, me lo digan directamente, pues tal vez me sonría el éxito y me gustaría que no se me subiera, no quiero ser de los que se suben en un papel de china y se marean. En fin, sólo quería decirles GRACIAS DE TODO CORAZÓN a todos los que me han acompañado en este viaje de 67 años y dos días. Sin ustedes cerca de mí, la vida no tendría sentido.
3 Sep 2019 Amigos, me acaba de llegar esta información de California, dirán que soy presuntuoso, pero en realidad estoy muy contento de que un gran amigo (Octavio Valencia), tenga tanta confianza en mi y en mi trabajo. Esto es lo que me mandó: Aquí te mando información sobre las actividades planeadas para tu visita: El miércoles 18 paso por ti a Huntington Park a las 8:00pm y nos regresamos a Merced, a donde llegaremos como a la 1:00am. El jueves 19 tenemos el evento de Noches de poesía a las 6:00pm El Viernes 20 a las 11:00am hay una invitación a que compartas con estudiantes de la “California State University” en Turlock, en la clase de literatura Latinoamericana. El mismo viernes de 5:00pm a 6:45pm participaremos en un evento que se llama “Latin music in the plaza”, que se estará llevando a cabo en el centro de Modesto. El mismo viernes de 7:00pm a 10:30pm tomaremos tu taller en un saloncito que ya tengo reservado y de ahí viajamos a pasar la noche en Salinas CA, que está a dos horas de distancia. El sábado 21 tendremos nuevamente tu taller, creo que de 9:30am a 2:00pm con un descanso intermedio de 30 minutos para comer almuerzo. Por último, terminando el taller tomas el camión ahí en Salinas a las 2:55pm y llegas a Los Ángeles a las 10:30pm. Quedo en espera de tus cartas y te comento cualquier cambio o información adicional. Muchos saludos y nos vemos pronto.
3 Sep 2019 He estado muy ocupado en estos días y me ha costado trabajo estar con ustedes en el “feis” pero ésto es algo demasiado grande para mí y no quiero dejar pasar más tiempo sin agradecer esta “ocurrencia”, de la gente que me estima. Les doy infinitas gracias a quien se le ocurrió la idea y a quienes la secundaron. No voy a comentar si es merecido o inmerecido, pero me han hecho inmensamente feliz. Gracias a todos por este reconocimiento que siento como si fuera un gran homenaje.
No sé si lo que van a leer a continuación es un cuento o una anécdota, de todos modos ai´va.
Por: Jesús Isarrarás Gutiérrez Harto del encierro, harto del coronavirus, harto de estar solo, harto de todo, ayer decidí defender mi rebeldía, mi “Yo anarquista” me dio la idea y organicé una gran fiesta. Mandé traer botellas, botanas, refrescos, hielos, en fin, todo lo necesario para una bacanal en forma. Sería un acontecimiento inolvidable en medio de la pandemia. Pero también tenía temor a ser contagiado, soy de la generación hippie, por lo que pertenezco al grupo vulnerable (traducción: de lo que se va a cargar primero el payaso con esta maldita epidemia), así que tuve que hacer una selección de mis invitados. La única manera que encontré de encontrarme seguro, fue filtrar muy bien las invitaciones, así que al final de cuentas los únicos invitados fueron todos mis “yoes”. Siempre me he visto a mi mismo como una persona agradable, un hombre simpático, muy ingenioso y divertido, (no se hagan “tontejos”, todo ustedes se ven a sí mismos igual), así que esperaba pasarla de maravilla “cotorreando con todos los jesuses isarraraseses que pudiera reunir, todos esos que viven dentro de mi, (aunque algunos ya están en agonía, como mi “Yo ajedrecista” y mi “Yo espontáneo”). En fin, quería convivir con todos mis “yoes”. La reunión no fue lo que esperaba, casi desde el principio me di cuenta que las cosas no iban a salir como estaba planeado. Para comenzar, mi “Yo Deportista”, salió con que tenía que irse a dormir temprano, no se podía desvelar ni beber alcohol, y dijo que tenía que cuidarse. Además se ha vuelto tan “mamón” que ahora se molesta hasta por el humo del cigarro, y mi “Yo Vicioso”, prácticamente lo corrió de la fiesta. Por otro lado mi “Yo Filósofo”, se fue a la ventana y se pasó toda la reunión mirando melancólicamente hacia la calle, Ser o no Ser, pensaba, fumando un cigarro y bebiendo tequila. Sin necesidad de tratar de demostrarlo, puedo afirmar que todos y cada uno de nosotros, los “humanos”, tenemos un “yo mamón”, pero yo fui más adelante, y además de tener a mi “Yo Mamón”, tengo además un “Yo Más Mamón”, (eso no cualquiera lo puede presumir). Lo extraño es que no se llevan bien entre ambos, los dos acusan al otro de ser “excesivamente mamón”, y desde un punto de vista estricto, creo que ambos tienen razón. Mi “Yo Machín”( léase heterosexual), estaba “encabronado” y se quejaba de que no había mujeres, -¡Qué fiesta tan “pinche”, - comentaba a cada rato. –Puro macho. Son “chingaderas”. El que se alocó todo, y andaba feliz de la vida era mi “Yo Jotilingo”. Ese, mi “Yo Maricón”, andaba de grupo en grupo “tazcaleando” a todos, hasta que sacó de quicio a mi “Yo machín”, quien trató de ponerle un alto. - Ya basta de “joterías”, compórtate pinche “puto” – Le llamó la atención. A lo que mi “Yo Maricón”, sin molestarse por el comentario homofóbico le respondió, con un argumento irrefutable. - Cálmate “Yo Machín”. No es ninguna “jotería” agarrarse las nalgas uno mismo. Tratando de hacer plática me acerqué a mi “Yo Capitalista”, pero este, para no variar, estaba en una encarnizada discusión con mi “Yo Comunista”, así mismo estaban enzarzados en otra terrible discusión mi “Yo Ateo” con mi “Yo creyente”, y estos incluso, en algún momento, amenazaron con irse a las manos, por lo que, entre todos, los tuvimos que calmar. Las cosas iban tan mal que mi “Yo creativo” se fue junto a mi “Yo filósofo”, y tomó la misma actitud de este, quedarse junto a la ventana, en total silencio, mirando hacia el exterior. Varios ya estaban pasados de “pedos” y no había ningún orden, la casa estaba hecha un desastre, (de por sí), y me estaba fastidiando con mis invitados. Creo que por fin entendí porqué hay personas que no me aguantan. A veces ni yo mismo me soporto. Finalmente, al darme cuenta que la famosa fiesta estaba condenada al fracaso, me puse de pie y llamé la atención de todos, algunos ya estaban bien borrachos, pero los forcé a escuchar. - Pues bien “mis cabroncitos”, - empecé a decir muy molesto. – Váyanse enfriando, porque ya me tienen hasta la madre, y esta fiestecita se acabó. Así terminó mi maravillosa idea de convivir y disfrutar conmigo mismo y en persona esa tarde. Los mandé a todos dormir, pensando en descansar por fin. No había sido una buena idea. FIN
“Si usted ya tiene más de cinco años en el mismo trabajo, haciendo lo mismo, usted ya no merece el sueldo que le pagan”. Palabras más o menos eso dijo el gran psicólogo social de los 80´s: Erich From. Yo estoy de acuerdo con el señor From, en que después de cinco años (yo digo tres), en la misma chamba, el trabajador cae en una rutina asfixiante y pierde toda la creatividad y entusiasmo que el ser humano siente por algo nuevo en su vida, y ya no merece su salario pues ya no trabaja bien y no lo desquita, ya solo cumple con sus horas de trabajo hasta lograr jubilarse (traducción: morirse en vida), y es por eso que no entiendo el famoso premio “Belizario Domínguez”. ¿Cómo premiar a alguien aburrido que ha hecho la misma maldita rutina durante cincuenta años? Y que seguramente ha dañado a múltiples generaciones. No se ofenda nadie, estoy seguro que hay excepciones a la regla, y que existen personas, que aun cuando realizaron el mismo trabajo por mucho tiempo, siguen siendo creativos y haciendo las cosas bien. No todos somos iguales. Basta de reflexiones, y vamos a la anécdota: Allá por 1990, en la Secundaria Federal de Indaparapeo se abrió una plaza de matemáticas por dos meses, la maestra Osvelia tenía un permiso (creo que fue por embarazo), me interesó suplirla porque en esa escuela trabajaba mi esposa, y sería una nueva experiencia marital y laboral, (yo nunca había trabajado en una Secundaria Federal), y por otro lado era una buena cantidad de horas. Siempre he dicho que trabajar por dinero se llama prostitución, se debe trabajar para ser útil a los demás. Claro que hay que cobrar, porque también hay que comer. En fin, resulta que en algunos recesos, varios maestros nos reuníamos para desayunar y platicar. Una mañana Froylán (maestro de física), otros maestros y yo, hablábamos de educación, y en cierto momento hice un comentario equis, que no le pareció al maestro Froylán. -Entiendo que pienses así ya que no tienes experiencia en educación. -Me dijo en forma condescendiente y mirándome con aire de superioridad, y continuó. -Yo tengo más de 20 años trabajando en la secundaria. “What?” pensé: ¿eso es experiencia en educación? Entonces yo debo ser un gran pendejo, pues solo he trabajado en una preparatoria para trabajadores (PREFECO), en secundarias particulares (el colegio Valladolid y CESIP: una escuela con ideas de Piaget), en la primaria Montesori en EUA, donde di clases en inglés a niños de primaria, en una preparatoria de la UMSNH, alfabetizando adultos, en clases de regularización (en EUA, preparé en matemáticas a dos chicas sordomudas y en inglés), en casas del estudiante, en una fábrica (QUIMIC) enseñando física, química y matemáticas a obreros, y otras instituciones que no recuerdo. He dado clase en un sinfín de escuelas e instituciones de diferente tipo, y no tengo experiencia porque, según él, no estuve 20, 30 o 50 años en la misma escuelita. Según su punto de vista, parecía que yo era un gran idiota sin experiencia. No le contesté nada, no tenía caso, ese maestro nunca lo hubiera entendido, y las cosas se quedaron así.
Quiero revivir un artículo que escribí para el Sol de Morelia en 2007, con motivo del Festival internacional de ajedrez Morelia-Linares.
Por Jesús Isarrarás Gutiérrez El ajedrez nació, quizás, en la legendaria Atlántida, y muchas de sus piezas han ido cambiando de forma con el tiempo. Por ejemplo, el caballo era el caballero, y el alfil, que es una deformación de marfil, era un elefante. Es increíble cómo una cultura que se desarrollaba con juegos como el ajedrez, haya degenerado a juegos tan vulgares como el fútbol.
Jorge Luis Borges
Desde sus orígenes el ajedrez ha ido de la mano con el desarrollo de los pueblos, cada país que haya sido potencia mundial en alguna época, ha llevado aparejado con su desarrollo científico-artístico un gran nivel en esta disciplina. En la India se creó el ajedrez hace 14 siglos y, luego con la cultura mesopotámica pasó a Persia, y durante el imperio árabe fue adoptado e incluso modificado por ellos, en esa época se inventó la famosa leyenda de los granos de trigo. El ajedrez tal como se juega en nuestros días se inició hace casi 500 años en España, poco después del descubrimiento de América, cuando gracias a las grandes empresas navales, España tenía la hegemonía en el planeta. Los mejores jugadores de la época fueron Cerón, Lucena y Ruy López de Segura. En el renacimiento, dejando atrás el oscurantismo medieval, Italia toma la estafeta del reino del ajedrez y jugadores como Paolo Boi, de quien se dice derrotó al mismísimo diablo, Damiano, Doménico, Greco y Polerio son considerados los más grandes jugadores de ajedrez. André Danican, el mejor músico de Francia en su era, más conocido como Philidor, derrota al sirio Stamma y a varios de los más prestigiados ajedrecistas del mundo y pronto es reconocido como el más grande. Esto ocurría, por supuesto, poco antes de la gran Revolución Francesa, que como todos sabemos cambió al mundo y que, podría decirse que fue el inicio de la democracia. Después de Philidor seguiría su discípulo Deschapelles y después Labourdonnais. Otro gran jugador francés maestro de Philidor fue Legalle de Kermeur. El del famoso “Mate de Legal” Cuando la revolución industrial, Inglaterra pasa al frente, como potencia mundial y como potencia ajedrecística: Cochrane, Lewis, Mc Donell y sobre todo Howard Staunton, fueron los representantes británicos que le dieron gloria ajedrecística a Inglaterra. Después, a mediados del siglo XIX, Estados Unidos consigue ser la potencia mundial del ajedrez con Paul Morphy a la cabeza. Allí se celebra en cuatro ciudades el primer campeonato de mundo entre Wilhelm Steinitz y Herman Zuckertort. Alemania pasa al estrado y con nombres como Steinitz, Lasker y Tarrasch, se coloca a la cabeza del ajedrez mundial a principios del siglo XX, en la época previa a las dos guerras mundiales. Alemania pasa la estafeta a la Unión Soviética a partir del fin de la II Guerra Mundial: Botvinnik, Keres, Smyslov, Tal, Petrosian, Bronstein, Spassky, Boleslavsky, Kótov, cerrando con las tres “K” Kárpov, Korchnoi y Kaspárov, y toda una pléyade de estrellas fulguran en el firmamento mundial del ajedrez. En la actualidad sin dejar de existir aún una gran cantidad de rusos y de nacionales de la ex URSS, entre los mejores jugadores del mundo, Europa está colocándose poco a poco en la cima del ajedrez mundial. Y ahora los chinos. En ajedrez femenil tienen ya varios años dominando el mundo de los 64 escaques. Todos los datos previos indican clara y estadísticamente que si un país tiene aspiraciones de algo grande, un apoyo podría ser desarrollar y acrecentar la inteligencia de su pueblo, y en este sentido, tal vez el ajedrez tenga mucho que decir. ¿Qué pasa México? ¿Será posible ser una potencia mundial? Yo creo que no cuesta nada a nuestro gobierno desarrollar el ajedrez en el país… y ver qué pasa.
Me desaparecí un tiempo de la vida de casi todos mis amigos y conocidos, y no pido disculpas por ello. Pero comprendiendo que la comunicación entre los seres humanos es vital, para las buenas relaciones interpersonales, he decidido escribir en el FB algunas anécdotas verdaderas de mi vida (las falsas se las he contado ya a muchas personas por vía oral, y creo que me las han creído). Bien iniciaré el día de hoy diciéndoles que me cambié de domicilio. Ahora vivo en una casa blanca (nada que ver con la de Peña o la de Trump), acá arriba, en Santa María. Muchos dicen que ahora vivo muy lejos, pero no es así, si piensan que vivo lejos es más bien por el efecto de la expansión del universo. Ahora vivo en las alturas, (Creo que fue el poeta Alí Chumacero el que dijo algo así como: “El palomo se subió a la paloma para sentirse más cerca del cielo”). Ocasionalmente bajo a la ciudad para reunirme con los demás mortales, por salud mental, y más que nada, porque a veces ni yo mismo me aguanto. Como por naturaleza (todo mundo lo sabe), soy irresistiblemente hermoso, aunque hay algunos que no lo pueden creer (ya saben el dicho que aprendí hace tiempo: “Detrás de cada gran hombre de éxito, hay una mujer que no lo cree”). Últimamente bajo a Morelia casi exclusivamente para que la gente me disfrute y goce mirándome. (Los que ya me conocen, saben cómo soy, y de qué hablo). Así que en resumen: voy a estar subiendo anécdotas de mi vida, porque ya casi todos los memes se me hacen, como decía palillo, “muy esdrújulos”, y me cuesta trabajo digerirlos. Trataré de explotar mi casi inagotable y magnífico talento como escritor para narrar fragmentos de mi vida. Así que: A los que les interese mi vida o simplemente el chisme, léanlos, y a los que mi vida les valga un rábano, (pobres infelices), y no les interese lo que me ha pasado en poco más de 66 vueltas al sol, pues no los lean. Estoy comenzando a escribir canciones y si aun existe el buen gusto, creo que tendré éxito. Espero pronto estrenar alguna de mis canciones como la que escribí justamente anoche, antes de dormir. Canción que intitulé: “Los diputados no tienen amigos, aunque sean de morena”. Ya fuera de jaladas, y hablando en serio, es cierto: voy a escribir algunas anécdotas de mi existencia. A´i les encargo los “laikes”. Saludos a todos.
El día que les dije que iba a escribir anécdotas de mi vida hubo una tremenda tormenta eléctrica y me quedé sin internet. Pero comienzo con las anécdotas. Ai va la primera.
10 Junio 2019 Los puanes son unas frutas que conocí, por primera y única vez, en Poza Rica, Veracruz. Son pequeños (parecidos al nanche o changunga), muy dulces y sin semilla, o más bien, millones de semillas aglomeradas en una masa pastosa (¡Qué no daría por volverlos a comer!). Vivía con mis hermanos Víctor y José Luis en una casa de dos pisos, con nosotros vivía también una de las personas que más han influido en mi vida: Nacho Vázquez QEPD, (un tipo inteligente, comunista y muy moreno, hagan de cuenta Benito Juárez, pero con pelo blanco y sin gel.), muy pronto escribiré sobre él. En el patio de la casa vecina había un árbol de puanes, un árbol tan alto que la punta asomaba por sobre la azotea de la casa en que yo vivía. En ocasiones me subía a la azotea y cortaba los puanes superiores, e incluso a veces lazaba la punta del árbol con una cuerda y lo jalaba para acercar los codiciados frutillos. Un venturoso día, la generosa vecina, una señora mayor, (aunque a los 12 años cualquier persona es una persona mayor), calculo que tendría casi 80 años, (aunque a los doce años, a las personas mayores siempre les calculas como 80 años), me dijo que no hiciera eso, que si quería comer puanes viniera a su casa y cortara los frutos con confianza. Inmediatamente bajé los dos pisos de mi casa, iba feliz. Toqué a su puerta, pasé a su patio y me subí al árbol, que se encontraba al borde de un precipicio de unos 10 o 15 metros (me cai que yo lo veía como de doscientos metros de profundidad), en el fondo, después de una orilla de piedra, surcaba el río de aguas negras, que separaba la colonia Obrera de la Colonia Laredo de Poza Rica. Me encontraba muy contento cortando puanes a granel, cuando intempestivamente se quebró la rama donde estaba apoyado y me precipité al vacío, afortunadamente un pie se me atoró en una horqueta y eso detuvo mi caída (me han hecho tanta burla de mis pies grandes, pero me vale, creo que mis lindos piecesotes salvaron mi vida). Quedé colgando de un pie a gran altura. La señora me vio y corrió hacia mí, pero era una anciana y no podía ayudarme, yo no alcanzaba ninguna rama con la mano, estaba inerme, colgando de un pie de una horqueta del árbol, a quince metros de altura . Quiero recordar lo que sentía en esos momentos pero no puedo, era como si el tiempo se hubiera detenido en una extraña dimensión, como dijera el Rockdrigo. No sé si transcurrieron unos segundos o un lapso mayor, tal vez algunos minutos, y yo colgando ahí, pero en ese momento llegó el hijo de la señora que venía, al parecer, de su trabajo. Recuerdo que traía una caja de herramientas, y vestía de overhall, pensé que era un albañil, pero lo más probable es que fuera trabajador de PEMEX. - ¡Hijo! ¡El niño! ¡El niño! - La señora gritaba. El hombre arrojó al suelo las herramientas y corrió hacia el árbol donde yo seguía colgando de un pie, se estiró lo más que pudo y me atrapó de una mano, me jaló, pude alcanzar otra rama con mi otra mano y poco después estaba en tierra firme (Ni Cristóbal Colón cuando pisó América fue tan feliz como yo en ese instante). Estaba salvado. La parte interesante de ese suceso es que en ningún momento tuve temor. No sé cómo funciona la mente de los niños, pero es milagrosa. Ser niño es magnífico, (pero los niños son tan estúpidos que todo lo que desean es crecer, y luego lo olvidan). No está por demás decir que la señora nunca me volvió a invitar a su patio, y nunca he vuelto a comer puanes (En buena parte, es porque nunca los he vuelto a tener cerca). El miedo lo viví un día tres años después cuando estaba en la secundaria (hoy prepa 2 de la UMSNH), estaba en clase de matemáticas, con el recordado maestro Manuel Cázarez, más conocido entre los estudiantes como “el Apache”. A media clase, por esas conexiones fortuitas del cerebro, recordé el suceso en Poza Rica y me entró un escalofrío, hasta entonces, después de tres años, me di cuenta que aquella tarde pude haber muerto. Que sólo la coincidencia de la llegada del hijo (en el momento justo) de la señora me salvó, pues nunca se sabrá cuánto pudiera haber aguantado la horqueta donde mi pie se atoró, tal vez si se hubiera retrasado unos segundos más todo hubiera terminado mal, mal para mi, por supuesto. Curiosamente eso cambió la filosofía de mi vida, pues a partir de esa clase de matemáticas pensé: “Todo lo que viva de aquí en adelante es ganancia”. Me di cuenta que debía disfrutar mi vida tanto como me fuera posible, debía sacarle jugo a mi tiempo vivo, vivir con diversión y alegría día con día, pues era todo lo que poseía, un pedazo de tiempo, un pedazo que abarca desde que nací hasta el día en que la muerte me pinte la raya. Pero en fin, sigo aquí, y ustedes, quieran o no, van a tener que seguirme soportando por un buen rato más. Nos vemos en la que sigue.
“Si usted cree que es capaz de vivir sin escribir, no escriba”. Rilke
Tendría 3 o 4 años, y este es uno de los primeros recuerdos de mi infancia. Vivíamos en Coatzacoalcos (antes Puerto México), Veracruz. Mi papá nos llevaba de la mano a mi hermana y a mí, caminábamos de subida por una cuesta excesivamente empinada, a nuestra derecha una cerca de alambre de púas, a la izquierda la calle pavimentada, debajo la ardiente acera gris y arriba, un esplendoroso cielo azul con un sol endemoniado. Al llegar a la parte alta de nuestro camino sucedió algo de lo más grande que me ha ocurrido en mi existencia: ¡El mar! (¡Ah cabrón, qué pinche albercota! Diría mi cuñado Jaime). Fue un gran impacto ver la magnificencia del mar desde lo alto de esa colina. En alguna parte se veían los restos de un gran buque, (después supe que mis hermanos nadaban en ocasiones hasta el buque hundido, del cual extraían grandes pedazos de corcho, que nunca supe porqué estaba ahí.) La impresión que me causó esa primera vista del mar, aún está fresca en mis recuerdos como una de las cosas maravillosas que me han tocado vivir. Tiempo después, tal vez un año, volví al mar y, habiendo visto en los mapas que Cuba estaba en el Golfo de México, frente a mí, me estiré lo más que pude para ver la isla. Por supuesto no la vi (todos saben que tengo una mirada maternal, y que de lejos veo pura madre). Esa fue una de mis primeras frustraciones.
Trabajaba en la inolvidable Peña Colibrí con Rolando (el pollo) López, esa noche entre los asistentes se encontraban dos amigos: Peter Knobl y su esposa. Iban acompañados de otra persona. Después de terminar nuestra presentación habitual, Rolando y yo bajamos del escenario y nos despedimos, él se tenía que ir y yo me quedé un rato para saludar a mis amigos. El hombre que los acompañaba resulto ser hermano de la esposa de Peter y era marinero, cuyo barco había atracado en Tampico y se dio unos días para visitar a su hermana. Después de platicar un rato, Peter y su esposa se retiraron, pero el marinero (de quien desgraciadamente no recuerdo el nombre) se quedó, y se veía que tenía ganas de “seguirla”. Un rato después me dijo que me quería contratar para llevar una serenata. A mi se me hizo raro que conociera a alguien en Morelia, pero no me importó, yo tenía poco de casado e hijos muy pequeños, y no me caía mal ganar unas monedas, así que tomé mi guitarra y salimos de la peña. Compró una botella, refrescos y botanas y comenzamos a deambular por la ciudad. Él me dirigía rumbo a la casa donde sería la serenata. Nos detuvimos en la plaza de San José y en una banca nos sentamos para beber un poco y mostrarle mi “repetitorio”, para que él seleccionara las canciones que deseaba en su serenata. Entre algunas canciones, plática y tragos pasamos un buen rato, las luces del templo de San José estaba apagadas. En una banca cercana comenzaron a reunirse algunos chavos, también con guitarras, era claro que, al igual que nosotros, estaban de serenata. nosotros de treintaytantos y los chavos difícilmente llegaban a los 20 o 22 años. El marinero fue hacia ellos con la intención de hacer migas con ellos, quienes al principio se mostraban algo desconfiados, pero finalmente terminamos invitándoles unos tragos y ellos aceptaron quedando todos formando un solo grupo. En plena convivencia comenté que nunca había visto la iluminación nocturna del templo de San José y sucedió la primera cosa extraña de esa noche: Nos habíamos caído bien con los jóvenes y entre comentarios uno de ellos nos preguntó si nos gustaría ver el templo iluminado. - Claro que sí. – Afirmamos ambos, (eran las doce de la noche más o menos). - Entonces esperen un momento. Dijo el chavo y se fue caminando hacia la iglesia. Fue asombroso, unos minutos después estábamos disfrutando de la arquitectura del templo perfectamente iluminado, ¿Qué hizo el chavo? ¿Por dónde se metió? Nunca lo sabremos. El caso es que encendió todos los focos de la iglesia para nuestro disfrute. Después de no sé cuánto tiempo terminamos despidiéndonos, ellos se fueron a llevar su serenata y nosotros la nuestra. Al quedarnos solos y con las canciones seleccionadas para la serenata agarramos nuestros bártulos (lo que quedaba de la botella, refrescos y guitarra) y emprendimos el camino a nuestro objetivo. Caminamos por las calles estrechas de ese barrio y noté que el marinero no se ubicaba, andaba como perdido, parecía que no sabía donde era la casa de la susodicha. En cierto momento, después de caminar por varias calles nos detuvimos en una casa. - Aquí es. – me dijo y yo saqué mi guitarra del estuche para iniciar la cantada. Varias canciones después, y viendo que la chica no salía a agradecer la música, dimos por terminada la serenata, nos tomamos los que quedaba de la botella y emprendimos camino a la avenida Madero, para que él tomara un taxi y se fuera a su casa. Fue hasta entonces que se me ocurrió preguntarle si era su novia, una antigua amiga, o una chica recién conocida. Se me hacia extraño todo, pues él tenía tiempo en el mar y me había comentado que hacía muchos años no había vuelto a Morelia. - Lo que pasa. – me dijo. – Es que yo nunca había llevado serenata, y deseaba vivir esa experiencia. No conozco a nadie en Morelia pero quería llevar serenata. - ¿Cómo? – Pregunté. - Pero entonces ¿Quién vive en la casa donde llevamos la serenata? - No lo sé. – Respondió como si fuera lo más natural del mundo. – Simplemente busqué una ventana romántica y bonita, no era cosa de cantar en cualquier ventana. - ¿What? - Sí. Tenía ganas de llevar serenata, y esa ventana me gustó. ¿Algún problema con eso? Estaba sorprendido, pero inmediatamente después solté una carcajada. Ambos nos desternillamos de risa. Yo me preguntaba porque me pasaban a mí esas cosas, pero me dio mucha alegría que el destino me hubiera elegido para vivir aquella extraordinaria aventura. Nos despedimos, y camino a casa yo estaba feliz de que no hubiera salido un papá o un marido celoso de esa casa con “ventana bonita”. Fue una noche de lo más extraña para mí. Tiene muchos años que no veo a Peter o a su esposa, pero si los contacto alguna vez les voy a preguntar por aquel marinero loco con el que pasamos una borrachera inolvidable, me gustaría saber que ha sido de él.
Hice la primaria en Morelia, pero por alguna razón (que comentaré en otra anécdota), la terminé en Poza Rica, en 1964. Mis hermanos Víctor y José Luis, eran aun solteros y compartían la casa con un amigo de ellos: Nacho Vázquez. Un tipo muy inteligente y preparado. Comunista radical. Cuando lo recuerdo, no puedo dejar de imaginar a Benito Juárez, excepto que Nacho tenía a sus veintitantos años, el pelo totalmente blanco. Recuerdo que una vez le dije que me consideraba un niño tonto (medio pendejo, para los que necesitan que me exprese con claridad). - ¿Porqué sientes que eres tontejo. – Me preguntó. - Es que, he notado en la escuela, que cuando la maestra explica algo no lo aprendo, hasta que hace un repaso. - O sea que, entiendes hasta que te lo explican por segunda vez. - Así es. - Nacho soltó una carcajada estridente. - Hay Jesús, - me respondió. – En realidad eres muy inteligente. Hay un chingo de personas que son tan burros que no entienden ni a las quinientas. Tú eres afortunado si entiendes a la segunda. - Ese era Nacho (QEPD), y a él le debo un gran favor, él me dio uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida. Una noche de 1964, estábamos en casa cenando, Nacho, mis hermanos y yo, y Nacho me preguntó: - Jesús, ¿te gustan los refrescos? - Claro que sí. - ¿Y los dulces? ¿Y las galletas? - Por supuesto. - Pues bien, si mañana vas a mi trabajo, te voy a dar refresco, galletas y dulces, ¿Qué te parece? Simplemente pregunté. - ¿A qué hora? - En la tarde, después de que hagas la tarea. - Órale, ahí estaré. Siempre he tenido problemas con mi memoria, sin contar las neuronas que tengo lesionadas (las traigo vendadas, se conocen popularmente como neuronas con capacidades diferentes), pero como todos entenderán, era imposible olvidar esa cita. Nacho trabajaba en la biblioteca pública de poza Rica, y al día siguiente como a las cuatro de la tarde me apersoné en la biblioteca ansioso por darme gusto. Nacho me hizo sentar ante una mesa y cumplió lo prometido, en unos minutos me tenía un refresco, una bolsa de galletas y chocolates. Pero cuando iba a comenzar el festín me detuvo. - ¿Te gustan los cuentos? ¿las historias? – Me preguntó. - Si, creo que sí. - Entonces ya que estás aquí, y vas a pasar un rato comiendo tus golosinas, ¿qué te parece si lees algunos cuentos? Estoy seguro que los vas a disfrutar. – Me dijo y abrió ante mi un libro de cuentos indios, de la India (aclaro esto porque es incorrecto llamarlos hindúes, el hinduismo es su religión, y el gentilicio es indios, algo así como si en vez de decirnos mexicanos, nos dijeran guadalupanos.) Ni que decir, pasé una tarde maravillosa leyendo cuentos infantiles y atracándome de golosinas. Cuando acabé con los dulces después de no sé cuanto tiempo leyendo, le agradecía Nacho el regalo y me despedí. - ¿Cómo la pasaste? ¿Te gustó? - Claro que sí, - le dije agradecido y contento. - ¿Te gustaría repetir mañana? - Sí. – Estoy seguro que lo dije con alegría. - Pues no se hable más, te espero mañana otra vez. Al día siguiente e repitió la historia, llegué, me puso un refresco y nuevas golosinas en la mesa, pero en esta vez, yo mismo le pedí el libro, sólo que no me dio el de cuentos indios, esta vez me dio un libro de cuentos alemanes. No sé cuantas tardes pasé en esa biblioteca, entre piratas, dragones y espadachines. Así fue como Nacho Vázquez, el hermano canoso de Benito Juárez, me dio uno de los mejores regalos que he recibido en mi existencia, la oportunidad de disfrutar el placer de leer. Recordar a Nacho es grandioso, nacho fue alguien especial, que marcó mi vida de una manera sui generis, lo cual agradeceré el tiempo que me resta en este planeta. Nacho, dónde quiera que estés, levanto mi copa y va un salud por ti, acompañado de una sonrisa, a ti no te puedo dar lágrimas.
Mi primer contacto con la muerte fue a los cuatro años, vivíamos en Coatzacoalcos. Una desafortunada mañana al despertar, mi hermano Víctor (lo recuerdo atándose los zapatos), me dijo: - Lupita ya se fue al cielo. Lupita, o Gloria Guadalupe, era la hermana menor de la familia, tenía un año de edad y, hasta donde me acuerdo, le tenía mucho cariño. Cuando mi hermano me dijo eso salí corriendo al patio de tierra, y dirigí la mirada a las alturas. “Si todavía no llega al cielo tal vez la vea”, era mi pensamiento. Imaginaba verla volando rumbo a alguna nube. Después de escrutar con cuidado cada nube y la parte azul del firmamento, me rendí. “Ya debe haber llegado” pensé con tristeza, y regresé al interior de la casa. Al entrar, sobre una mesa, estaba el cuerpo de Lupita cubierto de flores, sólo su carita estaba descubierta, parecía dormida. Nunca he conseguido recordar lo que sentí en ese, mi primer contacto con la muerte. Esa tarde la enterramos, recuerdo perfectamente los ladrillos de la fosa y como sellaron la cavidad donde quedaron sus restos. Muchos años después, ya estando yo en la universidad, mi mamá me contó que en esa ocasión, al regreso del panteón, yo no dejaba de preguntar el porqué la dejamos en ese lugar, y le pedía fuéramos por ella porque en la noche, Lupita iba a tener mucho frío.
Entre los años de 1993 y 1995, hicimos un viaje por parte del Club de Ajedrez Luis C. Chávez a los Angeles, para jugar un torneo en Long Beach, CA. Conseguimos apoyos y fuimos con algunos alumnos del club. Lenin González (actual campeón estatal de ajedrez), Isolda Villaseñor, José Macias (promotor y patrocinador de torneos), mi hija Luisa y yo. Al llegar a la frontera en Tijuana, mi hermano Juan fue por nosotros para llevarnos en su combi de Tijuana a Los Angeles, pero sucedió que Isolda no había tramitado su visa y no pudo pasar. Desesperados y sin saber que hacer fuimos a Mexicali a ver a un primo mío, que trabajaba de gerente en un lugar non sancto (El gato negro) y buscamos soluciones. El torneo comenzaba al siguiente día y había que resolver el problema esa misma noche. Resulta que el primo tenía una hija de la edad de Isolda, y tenía papeles legales para pasar (la tarjeta común que tienen los residentes en ciudades fronterizas), le sugerí que Isolda pasara con los papeles de su hija. El primo no quería exponerse y tardó mucho tiempo, pero al final se decidió y aceptó correr el riesgo. Le cambiaron el “Look” a Isolda para que se viera “chola”, que según parecía era la forma de arreglarse de las chicas en las ciudades fronterizas, y subió al auto con mi primo con los papeles de su hija. A Isolda le dijo que al pasar la línea se hiciera la dormida, y nos platicó después que, al pasar le preguntaron a qué iba al otro lado (eran como las ocho de la noche), y él dijo que iban a comprar un pollo rostizado para cenar. Pasaron sin problemas, Isolda nos comentó después de lo nerviosa que se puso. Pasamos los demás y ahí surgió el nuevo problema. 25 millas adelante había una caseta donde revisaban los papeles, visas y permisos nuevamente. Resulta que en San Diego vivía mi sobrino Víctor, quien era médico de la marina de EE UU (NAVY), y decidimos ir con él, recorriendo la carretera paralela a la frontera. Víctor nos recibió con alegría y después de platicar un rato le planteamos el problema. Él nos dijo que iría a Los Angeles con nosotros y que él llevaría a Isolda en su auto. Nos subimos todos en la combi de mi hermano Juan, Víctor se puso su uniforme de militar (el de gala, con todas sus condecoraciones), se subió a su auto con su esposa al lado y nuevamente Isolda se hizo la dormida en el asiento de atrás. Al final en la garita, a 25 millas de la frontera, donde revisaban los papeles, a mi sobrino lo dejaron pasar sin cuestionar nada (era un militar de rango) y todo salió perfecto. Llegamos a Los Angeles y jugamos el torneo de Long Beach, fuimos a Estudios Universal y a Dislneylandia, en fin nos paseamos de maravilla. En conclusión: Pasamos a Isolda como ilegal, así que ya puedo presumir de haber cometido actos ilegales en México (algún día les contaré de cómo llevé a un puñado de salvadoreños de Morelia a Tijuana), y también en Estados Unidos. Diría mi cuñado Jaime: “Jesús Isarrarás y sus aventuras.” Tiene muchos años que no sé de Isolda ni de Gilda su hermana (ambas fueron mis alumnas). Ojalá se comuniquen conmigo alguna vez, me encantaría saludarlas y platicar con ellas ante una taza de café en Las Rosas. Recordando ese viaje, me surgieron varias anécdotas más del mismo, que algún día narraré para ustedes.
===== Otra anécdota: DE PASEO POR LAS ROSAS CON LA MUERTE
Cada 1 de noviembre los pintores de Las Rosas me invitan a actuar en su evento de “Noche de Muertos”, y hace como cuatro o cinco años (2015 o 16), al terminar de presentar mi programa de poemas y canciones sobre la muerte, al bajar del escenario se e acercaron dos “catrinas”. - Hola guapo, - me dijo una de ellas. - Nos gustó tu trabajo y queremos dar una vuelta por el jardín contigo. Dicho esto cada una me tomó de un brazo y comenzamos a caminar platicando. Yo estaba seguro que eran amigas mías, o al menos conocidas, pero por más esfuerzo que hice no las reconocía ni por la cara ni por la voz y ellas se reían de mí pues no podían creer que no las reconociera. Así nos dimos una vuelta por el jardín, platicando y vacilando, cuando una de ellas me dijo: - Mira, en realidad ya te tocaba tu hora, y veníamos por ti, pero nos haz caído bien y además nos gustó mucho tu espectáculo (era sobre el tema de la muerte), así que hemos decidido perdonártela por esta vez, y vas a seguir en la tierra un tiempo más. En fin después de una vuelta por Las Rosas, que me hizo recordar el mural “Paseo por la Alameda”, de Diego Rivera, yo muy orondo del brazo de “las muertes” (eran dos), llegamos donde estaban platicando un grupo de pintores que me saludaron, nos acercamos a ellos, pero entre los saludos me distraje un minuto tal vez, y cuando me volví a ellas ya habían desaparecido. Quedé extrañado, y las busqué con la mirada, pero nada, ni rastro de ellas. No las volví a ver. En esa época yo había tenido algunos problemas de salud, y estaba preocupado, ya no era joven y me tenía que cuidar, ya que, como todo mundo deseaba vivir mucho tiempo más. Pasado el tiempo recordé el incidente y lo rara que se me hizo su desaparición, entonces llegué a pensar: “Qué tal si era de a deveras que la muerte venía por mí y me la perdonó. Al igual que toda las personas, me sentía un ser muy especial, tal vez en el inframundo les era yo simpático, y habían decidido darme otra oportunidad para tratar de corregir todas las pendejadas que había hecho en mi vida (cosa que era imposible, eran demasiadas).” Pasaron casi dos años de eso, cuando un día, a eso de las dos de la tarde, caminaba por la plaza de armas y me encuentro a mi amiga Martha Suárez, una maestra de educación física con la que nos llevábamos muy bien. Iba acompañada de una amiga suya que yo no conocía, o no recordaba (ya todo mundo sabe que Halzheimer no me visita, ya vive conmigo). Nos saludamos y caminamos juntos un tramo. Todo iba bien hasta que Martha me dijo: - No puedo creer que no nos hayas reconocido de “Catrinas” cuando te paseamos por el Jardín de las Rosas. - ¿Eran ustedes? - Sí y no nos reconociste. Entonces les platiqué, lo que había elucubrado, y mi orgullo de ser simpático para la muerte, estaba seguro de que iba a vivir muchos años más, porque la muerte me estimaba, me sentía como su consentido . - Me sentí como Macario. En el cuento de Ben Traven. - Les comenté y nos despedimos entre risas. Lo triste es que me hicieron ver que no soy alguien especial para la calaca y vuelvo a sentir, al igual que todos, que la parca no me tendrá consideración cuando me toque mi hora. Es decir soy un ser humano común y corriente (creo que más corriente que común).
OTRA ANÉCDOTA: LA MAESTRA LOLITA
(EL PRIMER AMOR ES TAN DIFÍCIL DE OLVIDAR) En el año de 1963 yo estaba en 5° de primaria, estudiaba en el Centro Escolar Michoacán, ubicado en calle Aldama a dos cuadras de catedral. La maestra Lolita era una mujer morena, delgada, joven y para mi, muy atractiva, basta decir que fue mi primer amor. Fue un buen año para mí porque Lolita era buena maestra, no era gritona ni golpeadora (como la seño Chuy que me tocó en tercero), y además era, por supuesto, el alumno más atento. No podía ser diferente: Estaba enamorado. Yo tenía habilidad para dibujar y la maestra se percató de ello, al grado de que un día me invitó a mí y a Eustolio (un compañero a quien recuerdo moreno y muy delgado) a su casa para hacer unos dibujos, para no sé qué actividad. A mí me puso a dibujar a Pancho Villa montado a caballo, y el problema es que, según mi memoria, el caballo me salió un poco pando (como perro salchicha). Eustolio no recuerdo que dibujó pero le quedó muy bien. La maestra elogió tanto el dibujo de Eustolio que yo tuve mi primer sentimiento de celos. Eustolio nunca me había hecho nada, pero entenderán que desde ahí nunca me cayó bien. La historia de mi primer amor no terminó ahí tuvo su epílogo varios años después. En 1970 o 71 entré a la universidad, en la escuela de Físico – Matemáticas, y me reencontré con Rafael González Campos, quién estuvo en primaria conmigo y es hoy uno de mis mejores amigos. Rafael era cuñado, creo, de la maestra Geordaliza (la seño Geo), que nos había dado clase en 4° de primaria, y siendo amigos conoció a mi familia y yo a la suya. Pues bien, un buen día en una fiesta que hubo en su casa, se encontraba la seño Geo, su cuñada. Yo ya le había contado a Rafael que la maestra Lolita había sido mi primer amor, y en esa ocasión, estando platicando con su cuñada, al muy maldito, se le ocurrió contarle mi secreto. Lo divertido del asunto es que ella era muy amiga de la maestra Lolita y me contó, ¡animándome!, a que la visitara, diciéndome que se conservaba muy bien y que nunca se había casado. Hice cuentas, yo tenía unos 20 años y la maestra Lolita, me debía llevar fácilmente 20 o más, así que, en ese entonces, ella debía tener al menos 40. Nunca la visité, pero el diablo sabe, que varias veces se me ocurrió hacerlo, ya que, como yo era muy tímido con las mujeres nunca había tenido novia, de hecho mi primera novia la tuve hasta los 21 o 22 años, así de menso era con las mujeres (creo que todavía). En fin nunca volví a saber de ella y quedó en mi mente, como un hermoso recuerdo infantil. Y esa fue la historia de mi primer amor, un amor un poco más que platónico.
Otra anécdota:
Por el año de 1972 yo era estudiante, y aunque muchos no lo creerán, además de joven, guapo y simpático, era atleta y ¡no fumaba! Así es, practicaba la caminata (oficialmente conocida como marcha olímpica), y llegué a ganar algunas medallas y trofeos. Tenía una excelente condición física y mi cuerpo respondía al 100 % (actualmente mi rendimiento ha bajado un poco). Un buen día me fui a mi pueblo de vacaciones (San Juan de la Punta, hoy Cuitlahuac, Veracruz) a visitar a los pocos primos que conocía. Ya estando en el pueblo mi primo Gonzalo me invitó a ir a sus tierras (sembraba, mango, caña y limón). Yo estaba de vacaciones pero ellos no, (el campo no ofrece mucho descanso). Gonzalo reunió a varios de sus trabajadores, unos diez, si mal no recuerdo, y les dijo que había que limpiar un área de matorrales, para preparar la siembra. Todos, incluido mi primo, agarraron su machetes y se pusieron a darle duro contra los matorrales. Yo estaba cómodamente (traducción: Güevonamente), recargado en el tronco de un mango, y me sentí mal de no ayudar, y con toda la energía de un atleta joven, me levanté y les pedí un machete para ayudar. - Tú vienes de vacaciones primo. – Me dijo Gonzalo. – Descansa y cómete otro mango. - No, - insistí, - Quiero ayudar, pásame un machete. - Ya dije que era deportista, prácticamente un atleta en óptimas condiciones, en espera de la oportunidad para ganar una medalla olímpica, (así era yo de chin…), bueno, aquí también sucede, conozco actores en Morelia, que si no han ganado el Óscar, es porque los de la Academia que reparte los óscares es estúpida. En fin, me dieron un machete y me puse manos a la obra, “esto es pan comido”, pensaba yo con toda la irreverencia y la presunción que dan la juventud y la inexperiencia. Para no hacer el cuento largo, a los diez minutos estaba yo agotado, sentía que hasta el alma me pesaba varias toneladas, rendido, agobiado del esfuerzo, y muy apenado, me fui a sentar bajo el mango, haciendo caso al prudente consejo de mi primo. Ellos siguieron trabajando a buen ritmo por tres o cuatro horas más. Me daba vergüenza estar inactivo bajo el mango, dejando pasar el tiempo y mirando solamente, pero no podía hacer nada. El cuerpo del súper atleta había llegado a su límite, con tan solo diez minutos de trabajo de campo, ¡sentía una vergüenza superlativa! Ese día aprendí a respetar el trabajo del campesino, y además recibí una de las mejores lecciones de humildad que he tenido en mi vida. Muchos años después, estando dando clases en la Universidad Latina de América (UNLA), al terminar la clase me quedé platicando, de diversos temas, con algunos alumnos. Uno de ellos, hablando de ricos y pobres comentó algo que su padre le había dicho en varias ocasiones: “Los pobres son pobres por huevones.” Me di cuenta lo que la gente de lana inculcaba en sus hijos para justificarse. No recuerdo que argumenté yo, pero ahora que vino a mi memoria la aventura del “atleta olímpico”, me doy cuenta que ni el joven, ni su padre, sabían lo que decían, pobres ignorantes. Esta es una anécdota con reto, así que ha´i les va: “A todos aquellos que piensen que los pobres son pobres por huevones, los reto a trabajar en el campo, no un mes ni una semana, háganlo nada más un día, y entonces hablamos.”
==== Otra anécdota: Hace unos días me encontré a un buen amigo, el abogado (sí, tengo amigos de esos) Luis Rubio, y recordando épocas pasadas me hizo recordar la anécdota que ahora relato: ====
En mis años de estudiante, buen mozo, simpático e inteligente, acostumbraba ir al café “El Panal” ubicado en la avenida madero, a media cuadra del templo de la Cruz). Trabajaba en el Panal Trino; un mesero alegre y dicharachero, era de un ingenio exuberante, y muy conocido por los morelianos “cafetómanos”. Como todos saben, repito, yo era guapo, simpático e inteligente, pero sin dinero. Así que, como la gran mayoría de los mexicanos, esperaba tener pronto mi golpe de suerte y apostaba en los pronósticos deportivos. En un principio los pronósticos deportivos eran solo de futbol (PRO GOL), y solo tiempo después entró el beisbol (PRO HIT). Ese buen día, antes de ir al panal, pase a la agencia de pronósticos deportivos y tomé varias planillas para llenarlas y para llevarle a los amigos en el café. Vi unas planillas diferentes, eran de beisbol, y nómas por curioso, tomé varias planillas y me dirigí al café. Todo fue normal, tomé un café, llené mi planilla de la semana, platiqué con algunos amigos, y me disponía a irme cuando Trino se acercó a mi mesa y vio las planillas de beisbol. -¿Y esto? – me preguntó. -Son de beisbol, - le dije –pero aquí en Morelia no creo que nadie le entre. Este pueblo es futbolero, y de “beis” aquí nadie sabe nada. Me despedí, dejé las planillas en la mesa y me fui. Mi sorpresa fue días después, llego al café y Trino me saludó con sonrisa de oreja a oreja iluminando su cara. -Gracias Isarrarás, -me dijo, -me trajiste la suerte. -¿Suerte? ¿De qué? –le pregunté. -Sí, las planillas de beis bol que dejaste, me tentaron, -me dijo - ¿y qué crees que pasó? -¿Qué pasó? - Llené una, sin saber nada de “beis”, y que le pego. - ¿Cómo? – mis ojos se han de haber abierto como platos. - Le pegué al premio en “beisbol”. Como buen mexicano de la gran época priista yo quise sacar beneficio de eso y le dije en broma. -¿Y cuanto me toca? - Pues confórmate con un café que te voy a invitar, porque ese dinero es para pagar mi casa. Trino estaba casado y con varios hijos, y trabajando de mesero, sospecho que no ganaba lo suficiente para mantener bien a su familia, es decir, era pobre como todos en este país de juguete. Yo sentí una gran alegría cuando supe para que había destinado el dinero del premio, le daría casa a su familia. Si con eso su familia tenía casa propia, yo me daba por agradecido con el destino que, aunque no me cobijaba con la buena suerte, por medio de mi, se la dio a Trino, quien lo merecía. Trino, o el Triquis, como lo conocían algunos era alguien tan especial que en alguna ocasión fue entrevistado y le dedicaron media plana en el periódico La Voz, yo mismo lo entrevisté, como personaje de la ciudad, en la época que fui locutor de XESV, Radio Nicolaita.
A principios de los 80’s, Rolando López Monroy, alias “el pollo”, y yo, teníamos una gran época en “Peña Colibrí”, en aquel tiempo el mejor lugar de Morelia. Actuábamos allí y, aunque suene medio mamón decirlo, éramos las estrellitas de la peña. Por otro lado tuve la fortuna de conocer, en ese tiempo, al maestro Salvador (Chava) Flores Rivera, de sobra conocido en México, y a quien admiraba a través de sus canciones. Baste decir que a los seis o siete años yo me sabía de memoria, y cantaba casi todas sus canciones. Resulta que Rolando y yo decidimos invitar al maestro y a su esposa Linda a cenar en nuestro centro de trabajo , “Peña Colibrí”. Recuerdo que le comenté a Santiago Lomelí (+), dueño del Colibrí, y a su hermano Nicolás que la peña iba a tener un invitado especial, y les pedí que, por favor, no hicieran que cantara o se presentara, que era nuestro invitado a cenar, y solo si él lo deseara se echaría un palomaso ante el público, algo que respetaron (Santiago conmigo siempre cumplió su palabra, y así lo recuerdo, como hombre de palabra). Pues bien, pasamos una buena noche, Rolando y yo presentamos nuestra actuación y después fuimos a nuestra mesa, donde nos esperaban nuestras esposas, además de Linda y Chava Flores. Cenamos, platicamos, bebimos y todo se vivió de maravilla. Creo que esa noche fue el debut en la peña del excelente guitarrista Joaquín Pantoja. Cuando se hizo tarde y se acercaba la hora de partir, pedimos la cuenta, y nuestro invitado echó mano a su cartera, pero lo detuve. -Maestro, -le dije, -nos toca pagar, usted es nuestro invitado. -Vamos Jesús, -me respondió, - se les va a ir el sueldo de una semana en ésta cena, mejor yo pago. -De ninguna manera Maestro,-insistimos el pollo y yo. –Nosotros lo invitamos. -Pero muchachos, -El maestro se río, - Yo sé cuánto ganan, antes de ser conocido yo trabaje en lugares como éste mucho tiempo. Sé que no se gana bien. Les voy a contar una historia real. Rolando, yo y nuestras esposas fuimos todos oídos para enterarnos de una anécdota entre Chava Flores, y el que fuera su compadre: José Alfredo Jiménez. -Resulta que en mis inicios yo trabajaba cantando en un bar; igual que ustedes, y mi amigo, aún no era mi compadre, José Alfredo Jiménez, era todavía desconocido en el ambiente artístico, éramos jóvenes y él, mujeriego en demasía. Pues bien, llego a suceder que mientras estaba yo en el escenario , veía entrar a José Alfredo, acompañado de alguna hermosa dama. Cuando esto ocurría yo solo pensaba “adiós mi semana de sueldo”. Yo sabía que él iba a quedar bien con la chica y como los dos andábamos sin lana, iba a cargar toda su cuenta al cantante, o sea a mí. No muchachos déjense de tonterías, yo pago. La historia en el Colibrí terminó en eso, no nos dejó pagar.
===== ANÉCDOTA: CUANDO ME ACUSARON DE SER “BOMBERO”.
Corría el año de 1988, el país sufría su primera efervescencia política (al menos desde que nací), estaban en plena campaña, Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Clouthier y Carlos Salinas. La grilla estaba caliente y la perrada hambrienta de huesos. Yo tenía poco de casado, (3 años), y acostumbraba ir al famosísimo Café Panal, donde frecuentemente departíamos con Octavio Medina, caricaturista de La Voz, y el “abuelo” Tavera, un hombre mayor que nosotros (un auténtico abuelo), dirigente de las juventudes del “ferrocarril” PFCRN (Partido del frente cardenista de reconstrucción nacional), partido que evidentemente apoyaba a Cárdenas. Esa ocasión iba como de costumbre al café, y me encontré a Medina en la calle. Él también iba al café y decidimos pasar por el abuelo a las oficinas del partido. Nos tocó esperarlo un rato, pues estaba ocupado, y de paso, nos tocó presenciar una fuerte discusión entre el abuelo y un joven del partido. Discusión que terminó con el chavo marchándose furioso con nuestro amigo. El abuelo se desocupo y nos fuimos al café, debo aclarar que fuimos los últimos en salir, en el edificio se quedó nada más el policía de guardia, que cuidaba las instalaciones. El abuelo, Octavio y yo pasamos 3 o 4 horas en el café platicando de las pendejadas intrascendentes , pero sabrosas, que se acostumbran platicar en los cafés. Finalmente llegó la hora de partir y nos despedimos, ya saben, “aquí se rompió una taza…” Yo pasé por mi esposa a la casa de mis suegros, y al poco rato tocaron la puerta, mi cuñado Memo fue a abrir y al poco vino conmigo. -A’i te hablan cuñado. –me dijo Guillermo. Salí y me encontré al abuelo y a Octavio, se me hizo raro verlos, pues nunca nos visitábamos a domicilio, además, se les veía preocupados. -¿Qué pasa? –pregunté. Octavio me explicó, con su clásica voz apenas audible para mí. -Resulta que, media hora después de que salimos de la oficina del abuelo, explotó una bomba en su oficina. Eso por supuesto era preocupante, la grilla estaba de “mírame y no me toques” , seguramente muchos recordarán aquellas elecciones. -¿Cómo estuvo? –pregunté. -Eso no es importante en éste momento, - me aclaró Octavio, -lo grave es que el policía declaró que nosotros fuimos los últimos en salir del edificio y nos van a investigar. Será mi carácter, o el saber que “el que nada debe…” pero yo lo tomé con calma, no recuerdo haberme sentido preocupado, era muy ingenuo aún. No sabiendo que hacer nos pareció lo más prudente fingir demencia y esperar. Acordamos vernos al día siguiente en el café para ver en que acababa todo aquello. Al día siguiente hubo una pequeña nota en el periódico La Jornada, donde se habló de una bomba en el PFCRN, y en los periódicos locales hicieron mil conjeturas. Varios días después el poeta (Juvenal Leal), quien atendía la caja del café, y que después consiguió chamba en la UMSNH, se acercó a mi mesa para decirme que me andaba investigando la policía y esto es motivo para la siguiente anécdota: Un agente de la policía, también cliente asiduo del Panal, había ido con el poeta y le había estado haciendo preguntas sobre mí, que en que trabajaba, que de que vivía, en fin, querían saber todo de mi. -¿Es por lo de la bomba? –Le preguntó el poeta. -Así es. –afirmó el agente. -Vamos, no te hagas pendejo, -le dijo Juvenal (así me lo contó él) –El día y la hora de la explosión tú estabas en esa mesa. -Le dijo le dijo señalando el lugar, -y en esta otra estaban Octavio Medina, el abuelo Tavera e Isarrarás. –le aclaró y concluyó: no se que le investigas si tú mismo eres testigo de que no tuvieron nada que ver. El poeta me dijo que con eso el policía se fue con la cola entre las patas. Pero bueno, ¿y quién fue? ¿Qué es lo que realmente pasó? Epílogo y explicación de toda la historia. Resulta que el joven que había discutido agriamente con el abuelo, en nuestra presencia, esperó pacientemente a que nos marcháramos, y volvió a las oficinas del partido. El guardia lo conocía y lo dejo entrar. El muchacho fue a la oficina del abuelo y para desquitar su coraje, amontonó en una esquina papeles que el abuelo tenía en su escritorio y decidió prenderles fuego. El escritorio del abuelo estaba casi tan ordenado como el mío (en un perfecto y desmadrado desorden), y el chavo no se fijo que entre los papeles iba un pequeño tanque de gas para encendedor. Así fue que momentos después de que le prendió fuego a los papeles, el fuego llegó al tanquecito de gas, y este explotó causando el desaguisado. Desde entonces me preocupa mucho la aplicación de la ley a nuestro país. En mi opinión todo estuvo claro desde el principio, ya que en el edificio solo había dos personas, a saber, el guardia y el muchacho. ¿Qué cabrones me investigaban a mí? Al abuelo lo volví a ver un par de veces en el 2006 durante las elecciones de AMLO contra Calderón. Después no he vuelto a saber de él, pienso que ya murió (ya era el abuelo cuando yo tenía 35 años). Del abuelo aún conservo algunos libros de teatro que me regaló, ya que en su juventud, él había sido actor de carpa. A Octavio Medina me lo encuentro de vez en cuando en algún café y siempre me pregunta: - Hola Isarrarás, ¿sigues poniendo bombas o ya te compusiste?
===== ANÉCDOTA: USTED NO ES MAESTRO DE MATEMÁTICAS.
Allá por el año 2000, dos o tres años más o menos, Laura, en ese entonces directora de CEDART, me invitó a dar clases en la prepa. Era un contrato de dos años para suplir a Roberto que dejó las clases porque entró de subdirector. Allí estuve trabajando, CEDART es una de las pocas escuelas donde trabajé a gusto, el grupo era magnífico y la dirección con Laura a la cabeza, me ofreció las facilidades necesarias para desarrollar bien mi trabajo. No hubo un solo reprobado, y el promedio de mi grupo fue de ocho punto y algo (8.x). Un buen día al terminar mis clases me topé con una maestra, creo que era de literatura, recuerdo su cara pero no así su nombre, ya saben que el primer síntoma de que uno ya está viejo es que comienza a olvidar cosas (si eso es así yo estoy anciano desde los 18). En cierto momento la maestra me dijo, muy segura de sí misma. -Usted no es maestro de matemáticas. -¿Qué quiere decir? Pregunté y a continuación afirmé, -claro que soy maestro de matemáticas. -No, usted no es maestro de matemáticas reafirmó ella. -¿Por qué dice eso? –pregunté nuevamente. -Es que usted no es mamón. –me dijo. -No entiendo a que se refiere. -Sí, mire, yo he trabajado en muchas escuelas y he notado que todos los maestros de matemáticas son muy mamones, caminan en las escuelas como si fueran los únicos inteligentes, como si estuvieran tocados por Dios. Se sienten la Divina envuelta en huevo, como si ellos fueran seres superiores y ven a los demás maestros como si fueran estúpidos -Jajajaja, -me reí –o sea que se sienten más inteligentes que los demás. -No más bien se sienten como si ellos fueran los únicos inteligentes. Pensé unos instantes antes de decirle lo que pensaba yo de ese tipo de maestros. -Pues hacen muy mal. –Dije al fin. –Porque a nivel de secundaria o prepa, las matemáticas son la ciencia más estúpida que hay. Cualquiera puede entenderla. Las matemáticas son ridículamente fáciles -¿Fáciles? - Bien decía Facundo Carbral: “Uno más uno son dos, y así empezó la cuestión”. Si una materia tiene una base tan boba como uno más uno, debe ser una ciencia fácil. -Pero si son fáciles ¿porque hay tantos reprobados en matemáticas? -Sencillo, -le dije. –Los maestros son los idiotas. Si hacen difícil algo que es tan sencillo, es que ellos son pendejos. Y si ve maestros de matemáticas dígales que yo lo dije, ¡Son pendejos! Ahora fue ella la que se rió, y con eso nos despedimos. Yo me fui pensando y entendiendo porque en las escuelas en que trabajé, le caí mal, sin excepción, a los maestros de matemáticas con los que conviví. Lo peor para ellos es que no he cambiado mi punto de vista. Las matemáticas a nivel secundaria y prepa son de lo más fácil, y tengo muchos alumnos que lo confirman, muchachos que después de siete u ocho clases me dicen: ¿Eso es todo? ¿Así de fácil? ¿Eso es lo que no me pudo explicar el maestro en todo el semestre? “Así es”, les digo, y luego los mando al “extra” a sacar un 8 o 9 (los dieces son asquerosos). Nuestro sistema educativo fue creado en Austria a principios del siglo XX. Y fue un sistema diseñado, no para conseguir gente creativa e intelectualmente desarrollada, sino para producir persona obedientes, pero técnicamente bien preparados. Así que los que sacan puro diez, son alumnos excepcionalmente obedientes, y están debidamente preparados para ser asalariados dóciles. El sistema educativo recién creado (a principios del siglo XX), ayudó mucho a Hitler para que el “obediente” pueblo alemán lo siguiera en su locura de la segunda guerra mundial. Pero aún no pierdo la esperanza de que un día, un maestro de matemáticas, me haga cambiar de opinión respecto a todos ellos.
Debe haber sido en 1959, mi familia , estaba recién trasplantada en Morelia, y vivíamos en Rayón 383, frente a la cristalería Gutiérrez. Era la época en la que se amarraba a los perros con chorizo y no se lo comían. En esos días se construyó el templo del santo niño de la salud, el cual estaba planeado con vitrales, y el trabajo de los vitrales lo hicieron en la cristalería Gutiérrez. Recuerdo que con pedacitos de vidrio de colores jugábamos Luis, Dago, Carlos (el pompas), y yo a que encontrábamos tesoros piratas, los pedacitos de vidrio de colores eran las esmeraldas, rubíes y diamantes. Entre mis recuerdos de ese tiempo, tengo en la cabeza a mi papá con su carrito de paletas, llegando a comer a las dos o tres de la tarde. Yo esperaba con alegría su llegada pues, como era muy alegre, me pagaba cinco centavos por cada canción que cantara, y así me la pasaba yo, jugando a los carritos o a otra cosa pero cantando. Para cuando mi papá se iba a seguir vendiendo paletas yo llegaba con las cuentas. “Canté siete canciones papa, son 35 centavos”, él me pagaba y se iba a seguir correteando la chuleta. Pero me estoy desviando, hoy voy a platicarles de mi primer contacto con el ajedrez. Alguna noche mi mamá me mandó a comprar el pan, y salí con la bolsa a la tienda, “La Mil”, que aun existe. Al pasar por el edificio “Sabis”, en la esquina del jardín de la Soterraña, pude ver un grupo de “viejitos” en uno de los locales, (los locales no tenían ventanas si no un gran cristal y se veía todo hacia adentro). Recuerdo que atravesé la calle y me quedé un rato viendo por el cristal a los viejitos jugando un juego con unas piezas desconocidas para mí. Se les veía pensativos y todo estaba en silencio. Adiviné que ese juego debía ser interesante. Fue mi primer contacto con el ajedrez, yo tenía 5 años. No sé si los señores se percataron de mi presencia, ahora pienso que si me vieron, me debieron invitar a aprender. Pero en fin no se dio. Tuvieron que pasar seis largos años para tener la oportunidad de conocer las reglas del juego. Esto se dio cuando viví en Poza Rica, Veracruz (1964), con mis hermanos, a los 11 años estando en sexto de primaria. En Poza Rica mi papá tenía una tienda de artesanías de diferentes lugares del país. Había entre otros artículos juegos de ajedrez de ónix (artesanía poblana) una piedra parecida al mármol. En cierta ocasión estábamos cuidando el negocio mi hermano Víctor, ocho años mayor que yo, y yo. -¿Sabes jugar ajedrez? –me preguntó. -No, -contesté -Te voy a enseñar -me dijo. Al parecer uno o dos días antes, un amigo le había enseñado a él. En fin, me enseño, y jugamos varias veces en esos días, creo que me ganó todas las partidas, pero en una neurona clandestina de mi cerebro, tengo el recuerdo, algo borroso, de haberle ganado en una ocasión con el mate del loco; 1.-f3 e5 2.-g4 dh4#. No sé, es posible que mi cerebro me traicione. Volví a Morelia, pero seguí sin jugar. No había con quien. Unos dos años después ya vivíamos en la vecindad, (Leona Vicario #78), y algunos chavos del barrio y yo comenzamos con la fiebre del ajedrez. Yo jugaba todos los días y en poco tiempo era uno de los tres mejores de la vecindad. El virus del ajedrez estaba inoculado, y todos sabemos que el ajedrez es una enfermedad incurable, progresiva y mortal. Es posible que yo haya sido ajedrecista por mi rebeldía natural a todo lo establecido (soy un anarquista irreconciliable con la sociedad), ya que el ajedrez lo tuve prohibido en mi familia, porque pensaban que era un juego de vagos y malvivientes, como la baraja, el billar o el dominó. (No tengo nada contra esos juegos, pero era lo que se pensaba entonces). Para cerrar diré una frase que acuñé hace años: “Kaspárov, seguramente juega mejor que yo al ajedrez, pero difícilmente ha amado tanto al ajedrez como yo.” Jesús Isarrarás Gutiérrez
Todos sabemos que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, y yo, casado, volví a mi barrio, entré el templo de Cristo Rey y San Agustín (Rayón, Aldama, Leona Vicario). Me tocó hacer la primaria en el Centro Escolar Michoacán, y resulta que también mis hijos estuvieron en esa primaria. Todavía cuando mis hijos estuvieron en esa primaria, las puertas siempre estaban abiertas y mi cuñado “el tío Memo” pasaba de vez en cuando por ahí, y a veces entraba para ver a mis hijos a la hora del recreo. Guillermo es una persona buena y equilibrada, no violento ni agresivo, pero en Cierta ocasión, le tocó ver a un niño pegándole a mi hija Cati y se molestó, se acercó al niño y le dijo que si le volvía a hacer algo a su sobrina (mi hija), se lo iba a “sonar”. El niño dijo que le diría a su papá y Guillermo le replicó que a su papá también le iba a dar. El chiquillo se espantó y en los siguientes días no quería ir a la escuela. Los papás de él le preguntaron el motivo, y el niño les platicó de la amenaza de mi cuñado. No resulta extraño entonces, que unos días después me llamaran de la dirección de la primaria. Afortunadamente ya estaba yo enterado de la situación y al día siguiente me presenté en la escuela. Fue una reunión con el padre del niño, la directora, la maestra y yo. Me explicaron su preocupación por la amenaza de Guillermo al niño y me tocó hacer aclaraciones. Les expliqué que Guillermo nunca golpearía a un niño, que no era ese tipo de persona, que si lo amenazó fue porque el chamaco se estaba “pasando de lanza” con mi hija y la había golpeado, pero que Guillermo nunca tocaría a un niño. Se aclaró todo y pasó. Según supe tiempo después, el niño terminó siendo amigo de mi hija y nunca volvió a pasar ningún mal incidente. Tal vez sea una historia muy simple, pero ustedes saben, que por insignificante que sea, todo lo que sucede en la vida de cada quien, es muy importante, y a veces cosas insignificantes dejan huellas enormes. Saludos y hasta la próxima anécdota.
DE PASEO POR LAS ROSAS CON LA MUERTE
Cada 1 de noviembre los pintores de Las Rosas me invitan a actuar en su evento de “Noche de Muertos”, y hace como cuatro o cinco años (2015 o 16), al terminar de presentar mi programa de poemas y canciones sobre la muerte, al bajar del escenario se e acercaron dos “catrinas”. - Hola guapo, - me dijo una de ellas. - Nos gustó tu trabajo y queremos dar una vuelta por el jardín contigo. Dicho esto cada una me tomó de un brazo y comenzamos a caminar platicando. Yo estaba seguro que eran amigas mías, o al menos conocidas, pero por más esfuerzo que hice no las reconocía ni por la cara ni por la voz y ellas se reían de mí pues no podían creer que no las reconociera. Así nos dimos una vuelta por el jardín, platicando y vacilando, cuando una de ellas me dijo: - Mira, en realidad ya te tocaba tu hora, y veníamos por ti, pero nos haz caído bien y además nos gustó mucho tu espectáculo (era sobre el tema de la muerte), así que hemos decidido perdonártela por esta vez, y vas a seguir en la tierra un tiempo más. En fin después de una vuelta por Las Rosas, que me hizo recordar el mural “Paseo por la Alameda”, de Diego Rivera, yo muy orondo del brazo de “las muertes” (eran dos), llegamos donde estaban platicando un grupo de pintores que me saludaron, nos acercamos a ellos, pero entre los saludos me distraje un minuto tal vez, y cuando me volví a ellas ya habían desaparecido. Quedé extrañado, y las busqué con la mirada, pero nada, ni rastro de ellas. No las volví a ver. En esa época yo había tenido algunos problemas de salud, y estaba preocupado, ya no era joven y me tenía que cuidar, ya que, como todo mundo deseaba vivir mucho tiempo más. Pasado el tiempo recordé el incidente y lo rara que se me hizo su desaparición, entonces llegué a pensar: “Qué tal si era de a deveras que la muerte venía por mí y me la perdonó. Al igual que toda las personas, me sentía un ser muy especial, tal vez en el inframundo les era yo simpático, y habían decidido darme otra oportunidad para tratar de corregir todas las pendejadas que había hecho en mi vida (cosa que era imposible, eran demasiadas).” Pasaron casi dos años de eso, cuando un día, a eso de las dos de la tarde, caminaba por la plaza de armas y me encuentro a mi amiga Martha Suárez, una maestra de educación física con la que nos llevábamos muy bien. Iba acompañada de una amiga suya que yo no conocía, o no recordaba (ya todo mundo sabe que Halzheimer no me visita, ya vive conmigo). Nos saludamos y caminamos juntos un tramo. Todo iba bien hasta que Martha me dijo: - No puedo creer que no nos hayas reconocido de “Catrinas” cuando te paseamos por el Jardín de las Rosas. - ¿Eran ustedes? - Sí y no nos reconociste. Entonces les platiqué, lo que había elucubrado, y mi orgullo de ser simpático para la muerte, estaba seguro de que iba a vivir muchos años más, porque la muerte me estimaba, me sentía como su consentido . - Me sentí como Macario. En el cuento de Ben Traven. - Les comenté y nos despedimos entre risas. Lo triste es que me hicieron ver que no soy alguien especial para la calaca y vuelvo a sentir, al igual que todos, que la parca no me tendrá consideración cuando me toque mi hora. Es decir soy un ser humano común y corriente (creo que más corriente que común).
Francisco Magaña Echeverría, ha sido, hasta hoy en día, el mejor jugador de ajedrez en la historia de Michoacán (el primer Maestro Internacional de Ajedrez michoacano). Yo tuve la oportunidad de vivir con él varios momentos de su genialidad ajedrecística. Magaña murió hace varios años, fue un suceso muy triste para quienes lo estimábamos, y a veces lo admirábamos. Me avisaron que por la mañana, creo fue a las 10:00, le iban a celebrar su última misa, de cuerpo presente, en una funeraria cerca de Altozano, (no recuerdo el nombre). El caso es que llegué cuando la misa acababa de comenzar, al entrar había un módulo con el anuncio “INFORMES” y me dirigí ahí, para preguntar donde era la misa de mi amigo. Mientras estuve ahí volteé la mirada hacia la cafetería, donde vi al papá de Magaña sentado de perfil, con una mirada muy triste. Estaba solo en la cafetería. Cuando recibí la información, pensé en ir a darle el pésame al señor, pero opté por hacerlo al final, así que primero fui a la misa. Ahí me encontré a varios amigos ajedrecistas, y conocí a las hijas de Francisco, todas muy guapas. Al terminar la misa di el pésame a su esposa, e hijas, así como a su hermano. Nos quedamos unos minutos y Carlos Müller me ofreció un “raid”. Todo mundo sabe que nunca he tenido automóvil, (odio manejar). Salimos Müller, Domínguez, Miravete y yo, y a punto de subir al auto de Müller le dije: -Espera, regreso enseguida, no le di e pésame al papá de Magaña. No tardo. -¿Qué? – Me dijo Müller, - estás loco, el papá de Magaña murió hace dos o tres años. -No puede ser, - le dije-, lo vi en la cafetería solo, cuando ustedes estaban en misa. -No es posible –dijo, y repitió-, el señor murió hace varios años. -No pude haberlo confundido, -repuse-, lo conozco bien, jugué ajedrez varias veces con él, en Pátzcuaro. Le pedí a Carlos que me esperara, y volví al lugar de la misa, nadie había salido aun, y me puse a buscar a alguien que se le pareciese, tal vez tenga un hermano parecido, pensaba yo. Pero no, no había nadie, ni remotamente parecido al señor, y tTotalmente confundido, volví al estacionamiento donde me esperaban Müller, Domínguez y Miravete. Desde ese día, nadie podrá quitarme de la cabeza que esa mañana vi un fantasma: el papá de mi amigo Francisco Magaña, que vino por él para guiarlo. Después me enteré que Francisco había sido un gran motivo de orgullo para su papá.
Francisco Magaña Echeverría, ha sido, hasta hoy en día, el mejor jugador de ajedrez en la historia de Michoacán (el primer Maestro Internacional de Ajedrez michoacano). Yo tuve la oportunidad de vivir con él varios momentos de su genialidad ajedrecística. Magaña murió hace varios años, fue un suceso muy triste para quienes lo estimábamos, y a veces lo admirábamos. Me avisaron que por la mañana, creo fue a las 10:00, le iban a celebrar su última misa, de cuerpo presente, en una funeraria cerca de Altozano, (no recuerdo el nombre). El caso es que llegué cuando la misa acababa de comenzar, al entrar había un módulo con el anuncio “INFORMES” y me dirigí ahí, para preguntar donde era la misa de mi amigo. Mientras estuve ahí volteé la mirada hacia la cafetería, donde vi al papá de Magaña sentado de perfil, con una mirada muy triste. Estaba solo en la cafetería. Cuando recibí la información, pensé en ir a darle el pésame al señor, pero opté por hacerlo al final, así que primero fui a la misa. Ahí me encontré a varios amigos ajedrecistas, y conocí a las hijas de Francisco, todas muy guapas. Al terminar la misa di el pésame a su esposa, e hijas, así como a su hermano. Nos quedamos unos minutos y Carlos Müller me ofreció un “raid”. Todo mundo sabe que nunca he tenido automóvil, (odio manejar). Salimos Müller, Domínguez, Miravete y yo, y a punto de subir al auto de Müller le dije: -Espera, regreso enseguida, no le di e pésame al papá de Magaña. No tardo. -¿Qué? – Me dijo Müller, - estás loco, el papá de Magaña murió hace dos o tres años. -No puede ser, - le dije-, lo vi en la cafetería solo, cuando ustedes estaban en misa. -No es posible –dijo, y repitió-, el señor murió hace varios años. -No pude haberlo confundido, -repuse-, lo conozco bien, jugué ajedrez varias veces con él, en Pátzcuaro. Le pedí a Carlos que me esperara, y volví al lugar de la misa, nadie había salido aun, y me puse a buscar a alguien que se le pareciese, tal vez tenga un hermano parecido, pensaba yo. Pero no, no había nadie, ni remotamente parecido al señor, y tTotalmente confundido, volví al estacionamiento donde me esperaban Müller, Domínguez y Miravete. Desde ese día, nadie podrá quitarme de la cabeza que esa mañana vi un fantasma: el papá de mi amigo Francisco Magaña, que vino por él para guiarlo. Después me enteré que Francisco había sido un gran motivo de orgullo para su papá.
Francisco Magaña Echeverría, ha sido, hasta hoy en día, el mejor jugador de ajedrez en la historia de Michoacán (el primer Maestro Internacional de Ajedrez michoacano). Yo tuve la oportunidad de vivir con él varios momentos de su genialidad ajedrecística. Magaña murió hace varios años, fue un suceso muy triste para quienes lo estimábamos, y a veces lo admirábamos. Me avisaron que por la mañana, creo fue a las 10:00, le iban a celebrar su última misa, de cuerpo presente, en una funeraria cerca de Altozano, (no recuerdo el nombre). El caso es que llegué cuando la misa acababa de comenzar, al entrar había un módulo con el anuncio “INFORMES” y me dirigí ahí, para preguntar donde era la misa de mi amigo. Mientras estuve ahí volteé la mirada hacia la cafetería, donde vi al papá de Magaña sentado de perfil, con una mirada muy triste. Estaba solo en la cafetería. Cuando recibí la información, pensé en ir a darle el pésame al señor, pero opté por hacerlo al final, así que primero fui a la misa. Ahí me encontré a varios amigos ajedrecistas, y conocí a las hijas de Francisco, todas muy guapas. Al terminar la misa di el pésame a su esposa, e hijas, así como a su hermano. Nos quedamos unos minutos y Carlos Müller me ofreció un “raid”. Todo mundo sabe que nunca he tenido automóvil, (odio manejar). Salimos Müller, Domínguez, Miravete y yo, y a punto de subir al auto de Müller le dije: -Espera, regreso enseguida, no le di e pésame al papá de Magaña. No tardo. -¿Qué? – Me dijo Müller, - estás loco, el papá de Magaña murió hace dos o tres años. -No puede ser, - le dije-, lo vi en la cafetería solo, cuando ustedes estaban en misa. -No es posible –dijo, y repitió-, el señor murió hace varios años. -No pude haberlo confundido, -repuse-, lo conozco bien, jugué ajedrez varias veces con él, en Pátzcuaro. Le pedí a Carlos que me esperara, y volví al lugar de la misa, nadie había salido aun, y me puse a buscar a alguien que se le pareciese, tal vez tenga un hermano parecido, pensaba yo. Pero no, no había nadie, ni remotamente parecido al señor, y tTotalmente confundido, volví al estacionamiento donde me esperaban Müller, Domínguez y Miravete. Desde ese día, nadie podrá quitarme de la cabeza que esa mañana vi un fantasma: el papá de mi amigo Francisco Magaña, que vino por él para guiarlo. Después me enteré que Francisco había sido un gran motivo de orgullo para su papá.
A principios de este siglo, en el 2000 o 2001, el club de ajedrez “Luis C. Chávez”, se encontraba en la calle de Ortega y Montañez, casi esquina con Vicente Santa María. En ese tiempo se inscribió en el club Alfonso Carrillo, a quien, los de confianza, le decíamos simplemente “Pinche Poncho”. Alfonso vivió casi toda su vida en el D. F., y era un carpintero y ebanista muy fino, con decirles que hizo fortuna arreglando autos de verdad, hechos de lamina y madera, no los pinches carritos de ahora (de fibra de vidrio y plástico). El conseguía un auto de lujo despedazado, (un mercedes antiguo y cosas así), y lo arreglaba de “pe a pa”, con interiores de madera, vendiéndolo después como el auto de lujo que era. Decía, se vino a Morelia, porque su mamá, ya anciana, padecía de la presión, y el D. F. le hacía mal. Puso un negocio en un centro comercial y ahí vendía lámparas hechas por el, las lámparas estaban constituidas por una base de madera, con una antigüedad, (un gramófono, una claraboya, y otro objeto) su respectivo foco, alambres y pantalla. Ganaba bien y vivía solo con su madre, (nunca se casó de lo cual se arrepintió), atendía su negocio y su diversión era ir al club de ajedrez. En una ocasión me quiso contratar como artista, para actuar para su madre, me dijo que a ella no le gustaban tanto los tríos o la música ranchera, sino la trova. Yo no acepte ser contratado, era mi amigo, y le dije que iría gratis, entonces el ofreció, vino y botanas, así que no se dijo más. (qué maneras de convencer ¿no?) Llamé a mi cuñado Jaime, para que me acompañara, él tocaba bien su guitarra, y excelentemente la armónica. Llegamos a las 8 o 9 de la noche y estuvimos cantándole y diciéndole poemas a la señora, hasta las 12:00 más o menos, hora en que el Pinche Poncho la mando a dormir, y seguimos la “guarapeta” los tres solos, por dos o tres horas más. Tiempo después le comenté a Jaime, el guitarrista, que si le dábamos otro regalo a la señora, el estuvo de acuerdo y poncho se puso feliz, o sea que lo volvimos a hacer. Pero la anécdota es con Beethoven, así que no he terminado. El dato curioso es que Poncho presumía de tener la colección de discos más grande que yo pudiera conocer. Y desde el primer día nos dijo: -Tengo música de toda, ¿Qué quieren oír? Yo lo quise poner a prueba, quería ver que tan grande era su fonoteca, y le eche un Torito. -Gospell, -dije, sabiendo que no iba a tener esa música. (Gospell es el nombre de la música religiosa negra). -¿Gospell? – Preguntó Poncho. -Si, Gospell, - dije seguro de que lo iba a hacer quedar mal. Literalmente, me quedé pendejo, cuando Poncho puso ante mí, entre 12 y 15 discos “Long Play”, de ese tipo de música. Y por primera vez escuché esas canciones sin ir al cine. Pero lo que recuerdo con más placer de esas “guarapetas”, fue que sin excepción, al terminar la borrachera, poco antes de pedir nuestro taxi, Poncho ponía el cuarto movimiento de la 9° sinfonía de Beethoven, todos guardábamos silencio, mientras tomábamos la del estribo, y nos concentrábamos en la música. Lo más cotorro, es que antes de poner la novena, Poncho nos daba a elegir, director y orquesta, tenía la sinfonía como en seis o siete versiones diferentes. Meses después, su mamá murió, y un día, casi llorando, Poncho me comentó en el club de ajedrez, que se maldecía, por haber mandado a su mamá a dormir en aquellas noches. -Ella quería seguir en el ambiente, - me dijo – se estaba divirtiendo, y yo… la mandé a dormir. Cuando murió su mamá Poncho se fue a vivir a Cuernavaca, y unos años después me enteré que también él murió. Creo que Poncho, si se hubiera casado, o “arrejuntado”, habría sido padre de dos o tres seres humanos excelentes, pero aun sin hijos, lo hizo bien. Dejó una gran huella en los que lo conocimos. En fin, espero que en Gloria esté junto con su madre.
Una foto de mi juventud de izquierda a derecha: Efraín González, Yo, Cajeme, Eriberto Bailon, y el de “los tambores” no me acuerdo. SIFILIS EN 1° DE SECUNDARIA En mi niñez y juventud tuve muy pocas ocasiones de tratar con chicas, pues las escuelas no daban oportunidad. En la primaria las niñas y los niños no estábamos mezclados en la misma aula., y la secundaria fue peor, yo estaba en la secundaria varonil de la universidad (hoy preparatoria Pascual Ortiz Rubio), y no teníamos compañeras, las únicas mujeres ahí eran las maestras y las secretarias. Fue hasta San Nicolás que supe lo que era tener compañeras en el salón de clases. Creo que a eso se debió mi excesiva timidez con las mujeres, cuando era joven. Era 1965, iniciaba clases en la secundaria de la Universidad (hoy prepa 2 Pascual Ortiz Rubio), y estaba en la clase de biología. Me da coraje no recordar los nombres de mis maestros de biología, solo recuerdo que, (según parecía), el maestro y la maestra de biología estaban casados. Mi madre decía un dicho: “Estás en todo menos en misa”. Y así me pasaba frecuentemente en clases, con mi cabeza volando por universos intangibles y etéreos, hasta que escuché la llamada: -La tierra llamando a Jesús, atención, la tierra llamando a Jesús Isarrarás. En el instante en que volví al mundo real la maestra para terminar la clase decía: …Así pues la sífilis es una enfermedad, que de no ser atendida a tiempo es mortal. Y uno de los síntomas es la pérdida del cabello. Todo hubiera terminado allí, sin mayores complicaciones, cerrando mi libreta y saliendo al receso. Pero no fue así, esa tarde las cosas se pusieron peliagudas para mí, pues mientras me bañaba observe con sorpresa un montón de cabellos míos pegados al jabón y… me espanté. ¿De qué enfermedad habló la maestra? Se caía el cabello, dijo ella, y a mí se me estaba cayendo el cabello. Recordé que la mencionó como una enfermedad mortal. ¡Madres! “pensé” ya me llevó la ch…” Ni que decir que, a la siguiente clase, y poniendo cara de niño estudioso, me acerqué a la maestra y con aire de estudiante interesado en el tema, le pregunté sobre la enfermedad de la que había hablado en la clase anterior. -¿La sífilis? –Preguntó ella. -Si… la sífilis. Quiero saber algo más sobre esa enfermedad. ¿Cómo se contrae? Y ¿Qué otros síntomas hay además de la pérdida del cabello? La maestra me miró con los ojos cuadrados. No se tragó en absoluto mi interés como estudiante. Pero accediendo a mis preguntas me explicó, que era una enfermedad que se contagiaba al hacer el acto sexual, y me dijo además los demás síntomas. -Yo respiré aliviado, mi único contacto sexual era algún besito a una niña, mientras jugábamos a las escondidas en la vecindad donde yo vivía. Con aire docto quise dar por terminado el tema y salir de la clase, pero ella seguía con un pendiente. -¿Y por qué tanto interés en el tema? - Me pregunto observándome fijamente. -Por nada, simplemente curiosidad. - Yo quería huir, pues percibí que ella sospechaba que preguntaba, porque tenía síntomas. No sé ni cómo terminó aquella plática, pero estoy seguro que en los días subsiguientes, la maestra puso especial atención en mí y en mi comportamiento. ESTÁ USTED MUY GUAPO En una ocasión, hace muchos años, tendría yo cuarenta y tantos, venía subiendo por la calle de Memo Negro, perdón, Guillermo Prieto, por la acera de enfrente a la EPBA (Escuela Popular de Bellas Artes), casi llegando a la Avenida Madero, y sentada en el quicio de una puerta estaba sentada una chica muy joven, tendría unos 17 o 18 años y, según recuerdo, hermosa, vestida de pantalón de mezclilla y playera. Yo iba distraído, absorto en algunos de esos pensamientos locos o estúpidos, que traigo casi siempre en la cabeza. Al pasar frente a ella, me sorprendió al dirigirse a mí, con el natural desenfado que da la juventud. -Señor, -me dijo- está usted muy guapo. ¡! -Gracias, -fue lo único que acerté a decir y, con mirada estúpida, seguí mi camino a mi casa. No pasó nada más, no sé por qué la chica dijo eso, si quería algo de mí, o solo fue un comentario al alimón. Lo que sí puedo decirles es que, en todo el trayecto de ahí a mi casa, iba más esponjado que un guajolote, (Tomás Cruz, y Brad Pitt me hacían los mandados). Nunca supe porque lo dijo, aunque tal vez, como me lo comentó después un amigo, “el viejito le gustó para realizar su obra buena del día”. Si fue así, lo consiguió. EL DIA QUE HAY PA CARNE… ES VIGILIA Trabajaba para el INEA, produciendo un programa de radio para motivar a los adultos a aprender a leer y escribir, que se transmitía en 17 estaciones de radio en el estado. Fue en 1983. Vivía solo, ya que meses antes, (sin trabajo estable), me salí de la casa de mi mamá, solo para saber cuánto costaba un plato de frijoles. La forma cómoda de comer para mi, fue abonarme en un famoso restaurante vegetariano, El Quinto Sol, creo que se llamaba, estaba en la avenida Madero, a la altura de donde hoy está Salinas y Rocha. Simplemente pagaba mi bono mensual, y tenía comida de lunes a viernes. Como no soy vegetariano aprovechaba sábados y domingos para comer carne. En una ocasión tuve que ir a Jacona en viernes, iba a hacer unas entrevistas a personas adultas que acababan de alfabetizarse. En Jacona, hice mi trabajo por la mañana, y me disponía a ir a comer, para después, volver a Morelia. Así que busqué un restaurante, para tomar los sagrados (muy sagrados) alimentos, pensando en que ese día comería carne. No recuerdo que pedí, eso sí, estoy seguro que era carne. Cuál fue mi sorpresa cuando la mesera que me atendió me dijo: -No tenemos nada con carne, estamos en cuaresma, y es viernes… es vigilia. -¡Maldición! ¿Qué podía comer en un pueblo pequeño (Jacona en 1983) y muy religioso. Ni modo, tuve que continuar de vegetariano ese viernes. Sí, yo atestiguo que es cierto: “cuando hay pa´carne es vigilia.” MI PRIMER TRABAJO Cuando niño, en la primaria, tuve el primer impacto sobre mis poquísimos parientes. Trasplantados en Morelia, Vivíamos en la vecindad, mi mamá, mi hermano Roberto, mi hermana Cecilia y yo. Totalmente solos en la ciudad. Yo no sabía lo que era tener primos, tíos, o abuelos. Sucedió que un lunes un compañerito de la primaria me presumió un billete de cinco pesos. Cinco pesos era una cantidad exorbitante, a mi me daban 20 centavos para ir a la escuela. (En la primaria: Centro Escolar Michoacán). -Yo miraba asombrado la fortuna de mi amiguito, y él me explicó, que había ayudado a un tío suyo que tenía una carnicería. Que todo el domingo había trabajado con él y le había pagado cinco pesotes. Debo reconocer que sentí uno de los sentimientos más deleznables: envidia. Pero además sentí tristeza por no tener tíos ni primos, solo una mamá, un hermano y una hermana. Ese día mi vida me pareció un poco triste. Pasó el tiempo, y a en tercero de secundaria, un amigo me presumió lo que había ganado vendiendo refrescos en el partido de futbol del Morelia, en el estadio Venustiano Carranza. Me mostré interesado en la “chamba” y él me invitó a ir al próximo partido. Debíamos de llegar muy temprano y apuntarnos en una lista. Acto seguido, te daban tu cubeta llena de refrescos, (a los menores no nos permitían vender cerveza), y a vender. Ese fue mi primer trabajo. Así cada 15 días, cuando los Canarios del Morelia eran locales, yo me ganaba unos buenos pesos vendiendo refrescos en el Venustiano Carranza. Lo mejor era que nos pagaban de inmediato, y no nos hacían ir a cobrar al campo de golf, después de los 18 hoyos, como a cierto personaje de la política mexicana. Ya casi para terminar el año escolar, y por ende la secundaria, vino mi papá de Reynosa, y con el pecho hinchado de orgullo le hablé de mi trabajo. Después supe que mi papá habló con mi “jefa” y le dijo que yo ya sabía leer y escribir, y hacer cuentas, y que ya era hora de abandonar la escuela. Mi padre nacido en 1900, y que solo estudió hasta segundo de primaria, que fue arriero, panadero y después de otras cosas hasta que terminó como comerciante, era una persona con una mentalidad muy de aquella época. Hasta donde supe, mi madre se opuso, se negó diciendo que yo iría a la universidad. ¡Gracias mamá! Pero de todas formas mi madre accedió a que me fuera en vacaciones con él a Reynosa, a trabajar vendiendo billetes de lotería. Y así fue el inicio de mis actividades laborales, a partir de entonces, cada temporada de vacaciones me iba, primero a Reynosa, a vender billetes, y después a San Antonio Texas, donde vivían mis hermanos. En EE UU, trabajé de jardinero, mesero, lavaplatos, lava carros, etc. Al volver a Morelia, yo le daba a mi mamá todo el dinero, (pesos o dólares), ganado en el norte. Cuando platico esto con jóvenes de la actualidad se asombran, pues no pueden creer que no me dejara nada para mí. Creo que los jóvenes de ahora son más egoístas e interesados, que los de mi generación.
Les dejo aquí la lista de mis anécdotas publicadas ya que he recibido comentarios de que no las han visto muchos de ustedes. También quiero comentarles que las anécdotas no las subo a mi muro, si no a mi página oficial de la cual también les dejo el vínculo para que le den “me gusta” y les lleguen las notificaciones de todo lo que se sube. Saludos.
https://www.facebook.com/Jesus-Isarrar%C3%A1s-390986797969537/ INTRODUCCIÓN: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=801535856914627&id=390986797969537&__xts__[0]=68.ARBjZaPu_o653AISxzivBuZgYFEveLYn4MsUJ_2Hrob-DKzMLf-NxB1-g8VFDWsOML9g0r0W-pObo_DEkUFvdKXrubXezDfBKtdnepW8ZlHlD95FTNer2lqTdd946gmwj6uvldr49td07_kAwNvh3p0Rcy3thlp-dguDCmsfMqguS1bB7HqLr9S3asdw_1RcJFS6qQjgOJ1qWimvTB-Mg98LDX5Itlz4yOhejbekkGz5Et1qjc9Ar4XmY9RIOtbq6PXBuohJv47xzR-RWNNVD00FLxX5V-jCAYbcZvEJqm3pJa1THliuALmQyk79-G07nlersQtXCwJuVyXI3HI&__tn__=-R CORTANDO PUANES: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=801544713580408&id=390986797969537&__tn__=K-R CUANDO CONOCÍ EL MAR: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=801574890244057&id=390986797969537&__xts__[0]=68.ARCxvcuoFNE6Rzf5AVBhJxOEllhnVTG5lIk4RcQO0t3bu0U1a_RuTwR_kuRoi30Wjw0GN0SXi9pNDpimVNQTMPezjK9g5-wOmVoS0bm1gAfXkNn7Mj9JxwReygmV45CvBhFHeS9O4yo8wuii4lPOdPXeii-zJE9ywnHcL0Y-z2Kh_vpqtmJjfDYJBQyaA47KECng2azcgse8qZL3sx4gFI_wxC8Rph9LJNuPty_rqXQfL9NQ0TSNs5c4IhkeNrWzvHekQ_vhMJx1I_Z8-R-uDx95gO3HakjyGBQWmVcp3wZYPRSUuc006jxvcT7A3hZ3nSkpEwu1K9TXFKtTjCs&__tn__=-R UNA NOCHE MUY RARA: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=806361679765378&id=390986797969537&__tn__=K-R SIMULTANEAS CON EL GM MARCEL SISNIEGA (QEPD): https://www.facebook.com/.../a.661095.../808964169505129/… NACHO VÁZQUEZ: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=812672425800970&id=390986797969537&__tn__=K-R LUPITA: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=817838355284377&id=390986797969537&__xts__[0]=68.ARA38UlGueBjmXyZqV8XcQopJI9Dzp_5nKarlqm9A4tElUnhcIA615L1h5vGdKx5K19jxQST-JIIegHtn_ar4ccCgLV_JSeIpuitd5gDub3n4Hv6s9M6G9vKTqogwKGX4DDy4STU3SQUyu7YuVTILDTIYOyv2yJ07x08SZbprYEZ2bSkXkHIxZR4hBlpPhVuF3niYdb4AkDy2nPwO6U8leRnt_4d2tOPRCGX5QH9WNlCXPHeGnGxJ1S0WBhoDEIefpkp94f41oXKFsXjMN7p5v3_7ZpsUE4lGjeoLs2LAsoXakNb0qXP0F740pQNnldT8pefqUqCvtROlv2mhGE&__tn__=-R ISOLDA, ILEGAL EN EU. https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=820880648313481&id=390986797969537&__tn__=K-R DE PASEO POR LA ROSAS CON LA MUERTE: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=826043277797218&id=390986797969537&__tn__=K-R LA MAESTRA LOLITA (EL PRIMER AMOR ES TAN DIFICIL DE OLVIDAR). https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=827403080994571&id=390986797969537&__xts__[0]=68.ARDYQr1vADnOD0ambN89FqBMOdAVadEFM7ydLWOCpvbymJ5ux_n4rLEHK3U7JD0M-LyUCmQJUW-rGpFM_P1AzcIJsTN1znBPXj7jorEMAfsXXKXdVr139Hlo0AaoQ0kc4dpotopUGt-441OsQ3mQR4batv852lGCVZ4i1uBxdVwmXs7E4VmffYfK6NlDGTphISeX3zA6FzWkA_4d4AyzcRFeYarhXRECqOsKcLodlBdPbTUhcIzjHPq9OzDTWQf3_0zkU0THfNtzww34J4cVC1sPayFTV1A0B5DrW7fckNhM7S6DaKeJf4si0KOCCg7lKAA3WtHLiY4oG3spYf0&__tn__=-R APRENDÍ A RESPETAR (EN SAN JUAN DE LA PUNTA) EL TRABAJO DEL CAMPESINO. https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=831147723953440&id=390986797969537&__tn__=K-R YO TENGO MUCHA SUERTE…..PERO TODA DE LA MALA: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=833569870377892&id=390986797969537&__xts__[0]=68.ARDE7UIygXSAi77vwQyF9c9DKrJ_h99VnrHfP0D3_TL8-IFH8i4bDO5ljg3nNc9wWCFmeVKm23uA1E3zUhWku77xhMOZeR60mUMo0wUiyFnYqQmOR02RYrpbgSpfrfjMCp43cGtO5mI_b8v9IEthzBquJK6eE9LM_z59j4uo-THy2_MpjolFWPr1vTgsoK-8Pk96-FM4hYLE8mCHieiLadnCI6SSGs485Qm8T2r2Peo-GmyNSJb_RbdrR_j7XbO46QEA-3tdTv0RXslP8yRcTDwP8VtjWiopod0GKTK0OKkLIPYjGv5xjYjpl0x0-QxbEykEnATGZQ_SpL3sXkQ&__tn__=-R CHAVA FLORES EN EL COLIBRÍ: https://www.facebook.com/.../a.661095.../838596729875206/… CUANDO ME ACUSARON DE SER “BOMBERO”. https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=840344319700447&id=390986797969537&__tn__=K-R USTED NO ES MAESTRO DE MATEMÁTICAS. https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=842970596104486&id=390986797969537&__tn__=K-R AMABA EL AJEDREZ ANTES DE CONOCERLO. https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=844782665923279&id=390986797969537&__tn__=K-R LA AMENAZA DEL TÍO MEMO. https://www.facebook.com/.../a.661095.../848086342259578/…